Amasarás con locales en el casco antiguo de Bari, formarás orecchiette a mano (aunque te queden un poco torcidas), probarás focaccia recién horneada, brindarás con vino local y compartirás risas alrededor de la mesa. No es solo aprender recetas, es sentirse parte de una cocina por una tarde.
María nos recibió en un pequeño patio escondido en una de esas callejuelas serpenteantes de Bari—ya tenía harina en las manos y sonreía como si fuéramos viejos amigos. Intenté decir “buongiorno” como ella (rodé la R demasiado y nos reímos). En el aire flotaba un leve aroma a levadura y tomate, suave pero acogedor. Me dio un delantal y dijo: “Aquí, lo vas a necesitar. La masa es trabajo honesto.” Me gustó eso.
Empezamos con la focaccia—la palabra clave aquí, porque nunca había probado una focaccia como la de Bari. La masa estaba pegajosa al principio; María nos enseñó a estirarla con los nudillos (“¡no muy fina!”), luego hundió tomates cherry tan profundo que se me mancharon los dedos de rojo. El teléfono de alguien vibró, pero nadie lo miró. Había aceite de oliva por todos lados—en mis manos, en la mesa, hasta un poco en mis pantalones. No importaba. Todo el lugar olía a orégano y pan recién horneado.
Pasar a las orecchiette fue más difícil de lo que esperaba. La madre de María (Nonna Lucía) se unió en esta parte—sus manos iban tan rápido formando esas pequeñas “orejitas” de pasta que apenas podía seguirla. Me dejó probar y las mías parecían más sombreritos que conchas, pero ella solo me guiñó un ojo y dijo que igual iban a saber bien. Hablamos de recetas familiares y de cómo cada calle de Bari asegura que su versión es la mejor. Por un momento se armó un buen jaleo—todos riendo mientras comparábamos nuestras formas torcidas de pasta.
Luego nos sentamos juntos alrededor de una mesa de madera y comimos lo que habíamos hecho—recién salido del horno o la olla—con una copa de vino local que sabía casi a sal del aire del mar afuera. María contó historias de su infancia aquí; alguien más compartió fotos de su casa. La luz dorada entraba por la ventana y pensé: esto es lo que la gente llama recuerdos reales de comida. Aún recuerdo ese primer bocado de focaccia, suave por dentro y crujiente por abajo—¿sabes?
La clase se lleva a cabo en un lugar tradicional en el centro de Bari, cerca de barrios locales.
Prepararás la clásica focaccia de Bari y pasta orecchiette hecha a mano con técnicas tradicionales.
Sí, después de cocinar disfrutarás lo que preparaste junto con una copa de vino local.
Sí, los bebés pueden asistir con adultos; se aceptan cochecitos y hay asientos especiales para ellos.
Sí, hay opciones de transporte público cerca del punto de encuentro.
Sí, los animales de servicio están permitidos en esta actividad.
Tu día incluye todos los ingredientes y utensilios necesarios para hacer focaccia y orecchiette a mano, además de degustar todo recién hecho—se sirve una copa de vino local mientras comen juntos antes de volver a las animadas calles de Bari.


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