Cabalga en caballos criollos por el valle de La Carrera con guías locales, luego comparte empanadas caseras y Malbec en un rancho familiar en las montañas de Mendoza. Después de un almuerzo con asado argentino, tendrás tiempo para relajarte o explorar a tu ritmo, disfrutando la calidez de tus anfitriones y alguna que otra historia bajo el cielo andino.
La cabalgata dura aproximadamente dos horas y media dentro del área privada del rancho.
Sí, incluye almuerzo completo con menú de asado argentino y postres regionales después de la cabalgata.
Sí, se acompañan las empanadas caseras con vinos de altura como aperitivo antes del almuerzo.
El traslado privado está incluido para quienes reservan esta excursión desde Mendoza.
Los bebés y niños pequeños pueden participar en cochecito; la actividad es apta para todos los niveles físicos.
Las cabalgatas son guiadas por locales, en muchos casos miembros de la familia Palma.
El rancho está a unos 2000 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Mendoza.
Tu día incluye traslado privado desde tu hotel en Mendoza, cabalgata guiada en caballos criollos por el valle de La Carrera, degustación de empanadas caseras con vinos locales de altura, almuerzo con asado argentino y postres regionales, todo en un ambiente familiar con la familia Palma antes de regresar cómodamente por la tarde.
El día arrancó con el cordón de mis botas rompiéndose justo cuando intentaba atarlas frente a la casa del rancho El Pico Palma — esas pequeñas cosas que te hacen reír de ti mismo. La familia Palma ya nos esperaba, sus perros correteando como si fueran los dueños del lugar. Martín, nuestro guía, me ofreció un mate antes de acercarnos a los caballos. No sé si fue la altura o los nervios, pero me mareé un instante — hasta que el aroma a leña quemándose en la cocina me devolvió al presente.
Los caballos son criollos, más pequeños de lo que estoy acostumbrado, pero Martín me dijo que están hechos para estas montañas. Me ayudó a subir (yo no soy nada ágil) y partimos hacia el valle de La Carrera. El silencio era mayor de lo que esperaba; solo se oían los cascos sobre la hierba seca y Martín señalando dónde su abuelo solía pastorear ganado. Las cumbres del Cordón del Plata parecían al alcance de la mano, aunque en realidad aún quedan horas a caballo. Tenía las manos frías sujetando las riendas, pese al sol — el clima en Mendoza es así de impredecible.
Tras unas dos horas, regresamos al rancho y, siendo sincero, tenía más hambre de lo que quería admitir. La cocina olía a carne asada y masa fresca — la abuela de alguien preparaba empanadas justo junto a la ventana. Nos sentamos afuera con copas de Malbec de altura (yo derramé la mía en el jean, típico) y probamos de todo: empanadas con ese punto dulce y salado, carne ahumada en la parrilla disco, y un postre que me hizo desear tener más espacio. Los Palma contaron historias de tormentas invernales y cómo su familia lleva más de 250 años aquí. Comer con gente que conoce cada rincón de esta tierra tiene algo muy especial y reconfortante.
Después del almuerzo me fui a sentar en una roca sobre el corral — el viento traía risas desde abajo y solo se veía montaña y cielo. Es difícil de explicar, pero hay una calma aquí que se queda contigo mucho después de irte. Si buscas una excursión a caballo en Mendoza que se sienta auténtica (y con asado incluido), esta es la indicada.

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