En Batumi, ponte manos a la obra en una clase práctica preparando auténtico khachapuri ajariano y khinkali estilo montañés junto a una cocinera local. Amasa, comparte historias con vino casero y prueba tus creaciones recién hechas: un pedazo cálido de hospitalidad georgiana que recordarás mucho después.
Lo primero que me llamó la atención fue el aroma: queso derritiéndose en algún rincón, mezclado con el olor fresco de la masa recién hecha. Apenas entramos en Chakandrila, ese taller acogedor escondido en Batumi, cuando Mariam nos llamó con las manos llenas de harina. Hay algo especial en las cocinas georgianas: todos hablan a la vez, pero suena como música. Intenté decir “gamarjoba” (hola) y me regalaron una sonrisa enorme. Rompió el hielo más rápido de lo que esperaba.
Mariam nos enseñó a darle forma al khachapuri ajariano, ese pan en forma de barca relleno de queso fundido y coronado con una yema de huevo. Mi primer intento parecía más una canoa después de una tormenta, pero ella solo se rió y me animó a probar de nuevo. La cocina estaba cálida, casi con vapor, y afuera la lluvia golpeaba las ventanas. Hay algo reconfortante en amasar cuando el día está gris. Luego pasamos a los khinkali, los famosos dumplings georgianos. Hacer esos pliegues es más difícil de lo que parece; mis dedos resbalaban, pero Mariam dijo que hasta los locales discuten sobre la mejor técnica.
Recuerdo bien el momento en que finalmente nos sentamos, con las manos pegajosas de harina y las mejillas sonrojadas de tanto reír. El khachapuri salió burbujeando, con el queso estirándose mientras rompíamos pedazos para mojar en esa yema dorada. El vino casero era dulce y con un toque rústico (en el buen sentido), servido en vasos desparejados mientras Mariam contaba historias de su familia en Ajara. Explicó cómo cada pueblo tiene su forma de hacerlo: unos ponen más sal, otros juran por las hierbas de montaña. No esperaba sentirme tan en casa tan rápido.
Nos quedamos más tiempo del planeado; nadie quería irse con comida en la mesa y historias por contar. Aún ahora, a veces me sorprendo recordando aquella tarde lluviosa en Batumi: el sabor del pan y queso caliente, las risas rebotando en las paredes de azulejos, las bromas suaves de Mariam cuando mi khinkali se caía de lado (decía que tenían “carácter”). Si buscas una clase de cocina georgiana auténtica en Batumi, aquí la vas a encontrar.
Sí, hay opciones vegetarianas para los khinkali si lo pides antes o durante la clase.
Prepararás un khachapuri ajariano por persona y entre 5 y 6 khinkali cada uno.
Sí, cada participante recibe una copa de vino casero (o bebida sin alcohol si prefieres).
La clase se lleva a cabo en el taller Chakandrila, en el centro de Batumi.
Sí, todas las áreas y superficies son accesibles para sillas de ruedas.
Sí, pueden asistir bebés y niños pequeños; también se permiten cochecitos.
No, la anfitriona te guía paso a paso sin necesidad de experiencia.
Tu día incluye todos los ingredientes para preparar el tradicional khachapuri ajariano y varios khinkali por persona, además de una copa de vino casero o refresco, servidos tras cocinar juntos en el taller Chakandrila de Batumi.


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