Pasa un día en una finca familiar de cacao cerca de Medellín: recoge mazorcas, haz chocolate a mano con los agricultores, prueba bebidas calientes y fruta fresca justo donde se cultivan. Prepárate para risas, manos manchadas, pan calientito y nuevos amigos — además de tus propios chocolates artesanales para llevar si quieres.
La finca de cacao queda a aproximadamente 1 hora en carro desde el centro de Medellín.
Sí, la recogida en tu alojamiento en Medellín está incluida.
Sí, participas en todo el proceso: desde recoger las mazorcas, tostar y moler los granos, hasta moldear tus chocolates.
Probarás varias formas de chocolate (bebida caliente, pasta, nibs), frutas de la finca y pan de queso casero.
No se recomienda para personas con lesiones de columna o problemas cardiovasculares; se requiere un nivel moderado de condición física.
Sí, puedes comprar chocolates o nibs de cacao que ayudaste a preparar durante la visita.
El guía habla español e inglés con fluidez.
Tu día incluye recogida en hotel en un vehículo cómodo y con aire acondicionado desde Medellín hasta Copacabana, todas las actividades prácticas en la finca familiar de cacao (desde recoger mazorcas hasta moldear chocolates), muchas degustaciones — bebidas calientes de chocolate, nibs y pasta de cacao — además de frutas frescas cultivadas en el lugar y pandequeso casero antes de regresar por la tarde.
Para ser sincero, me apunté a este tour de chocolate cerca de Medellín principalmente porque adoro el chocolate (¿quién no?), pero resultó ser mucho más que solo comer dulces. Salimos temprano de la ciudad y el viaje duró menos de una hora, pero Copacabana parecía otro mundo: colinas verdes, aire más tranquilo y ese olor a tierra mojada después de la lluvia de la noche anterior. Al llegar a la finca, la familia nos recibió como si fuéramos viejos amigos. Nuestro guía, Juan, creció por la zona y alternaba entre español e inglés para que todos entendieran. Me gastó bromas por intentar decir “cacao” con acento local — creo que más que nada les saqué unas risas.
Todo el proceso de hacer chocolate es más desordenado (y honestamente más mágico) de lo que imaginaba. Recogimos las grandes mazorcas de cacao directamente de los árboles — el jugo pegajoso me corría por los dedos — luego las abrimos para sacar los granos pálidos. Los agricultores nos mostraron cómo fermentan y secan los granos; había un aroma dulce y ácido en el aire que se me quedó pegado en la camiseta por horas. Moler los granos tostados a mano requirió fuerza, pero fue genial hacerlo en vez de solo mirar. En un momento, el teléfono de alguien empezó a sonar con salsa y de repente todos estábamos bailando alrededor de la mesa con trozos de pasta de cacao por todos lados.
El almuerzo fue sencillo: pandequeso recién salido del horno, fruta recogida justo afuera y chocolate caliente servido en tazas variadas. No se parecía en nada a lo que tomas en casa — tenía un sabor más intenso, quizá porque podías ver exactamente de dónde venía. Compré unos nibs de cacao para llevar (nos dejaron hacer nuestras propias bolsitas), pero la verdad me hubiera gustado embotellar esa luz tranquila de la tarde o la manera en que todos nos quedamos disfrutando de la taza antes de regresar a Medellín.

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