Disfruta seis cervezas belgas en Brujas con un guía local que da vida a cada historia entre sorbo y sorbo. Dos paradas para catar: una tranquila y otra animada, con tablas de queso y embutidos que maridan perfecto. Ríe con nuevos amigos y siente que formas parte de Brujas por una noche.
Lo primero que me llamó la atención no fue la cerveza, sino cómo la luz del atardecer iluminaba la barra de madera antigua en Resto Mojo, casi dorada. Nuestro anfitrión (creo que se llamaba Bart) nos recibió como si fuéramos de la casa. Nos puso delante una bandeja con seis vasitos de cerveza belga, alineados como en un desfile. El aroma era a malta y algo floral, pero nada dulce. Intenté pronunciar uno de los nombres; Bart sonrió sin corregirme. Todo se sentía tranquilo, sin prisas.
Apenas habíamos probado la segunda cerveza cuando alguien en la mesa preguntó por las cervezas trapenses, y Bart empezó a contarnos sobre monjes que elaboran cerveza en silencio, moviendo las manos con gestos amplios mientras explicaba el proceso. Justo entonces llegó la tabla de embutidos: quesos que eran a la vez intensos y cremosos, y lonchas de carne curada que se pegaban un poco a los dientes (de la mejor manera). Alguien me pasó una galleta con salami y uvas. Pensé que esto no tenía nada que ver con esas catas rápidas y turísticas que se ven por ahí.
Después caminamos hasta Bauhaus para la segunda ronda. El lugar estaba lleno de locales, más ruido, más risas rebotando en las paredes. Nuestra mesa reservada era como una isla en medio de ese bullicio. Otra tanda de seis cervezas llegó (por cierto, la palabra clave es “cata de cerveza belga en Brujas”), servidas con cuidado en los mismos vasitos pequeños. Había una cerveza oscura que sabía casi a humo; a veces aún la recuerdo cuando veo botellas belgas en casa. No todas las combinaciones me convencieron —¿aceitunas con cerveza?— pero funcionaba de alguna forma.
Me fui con una sensación de calor (no solo por el alcohol) y una conexión extraña con Brujas, quizás porque Bart iba colando historias sobre su familia o cómo algunas cervecerías sobrevivieron guerras. Al salir a la noche, un poco alegre, me di cuenta de que hacía horas que no miraba el móvil.
Pruebas seis cervezas belgas diferentes durante el tour, servidas en vasos de 10 cl en cada local.
Sí, incluye tablas de queso y embutidos; en Resto Mojo son más elaboradas, y en Bauhaus hay queso, salami, galletas o fruta.
La cata se hace en Resto Mojo y el bar Bauhaus, ambos en Brujas.
Sí, viajeros solos son bienvenidos, al igual que grupos de amigos, parejas o compañeros de trabajo.
Se pueden organizar catas privadas bajo petición; también se pueden añadir maridajes de comida para grupos privados.
Sí, el guía reserva mesas para tu grupo en ambos locales durante la cata.
Sí, todos los espacios y superficies son accesibles para sillas de ruedas; también se permiten animales de servicio.
Sí, hay opciones de transporte público cerca de ambos locales en Brujas.
Tu noche incluye seis cervezas belgas servidas en vasos de cata en Resto Mojo y Bauhaus en Brujas. Disfrutarás tablas premium de queso cremoso, embutidos, galletas o fruta, seleccionadas por tu guía para maridar cada cerveza. Mesas reservadas te esperan en cada parada para que te relajes sin complicaciones antes de salir a disfrutar la noche de Brujas.


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