Remarás desde Puerto Vallarta por aguas tranquilas hasta El Morro en kayak (sin necesidad de nadar), explorarás cuevas con eco y subirás para tener vistas panorámicas de la Bahía de Banderas. Guías amigables mantienen todo seguro y divertido, y si tienes suerte, podrás ver delfines o ballenas.
No, no se requiere experiencia previa en kayak para este tour.
Sí, no necesitas saber nadar; se proporcionan chalecos salvavidas.
El recorrido desde la playa de Puerto Vallarta hasta El Morro dura entre 30 y 40 minutos, según las condiciones.
Sí, después de remar subirás a la plataforma del islote y explorarás cuevas; hay algo de escalada moderada.
En ocasiones se avistan delfines y ballenas en la Bahía de Banderas desde el islote, pero no está garantizado.
El tour incluye todo el equipo de kayak y un chaleco salvavidas para tu seguridad.
No, no incluye comida; solo el equipo y la seguridad para el kayak.
Tu día incluye todo el equipo para remar y un chaleco salvavidas para que, aunque no sepas nadar o nunca hayas usado un remo, estés seguro y cómodo durante toda la aventura en El Morro.
Confieso que sentí un poco de nervios cuando bajamos los kayaks al agua en Playa Los Muertos, Puerto Vallarta. La bahía parecía tranquila, pero siempre está ese momento justo antes de arrancar: ¿me volcaré? Nuestro guía, Javier, notó mi duda y solo sonrió. “Tranquilo, no necesitas saber nadar,” dijo mientras me entregaba un chaleco naranja que olía a bloqueador y sal. Nos enseñó a remar sin golpearnos los nudillos (aunque yo me los di un par de veces), y así partimos hacia El Morro, que desde la orilla se veía mucho más pequeño.
El agua estaba más fresca de lo que esperaba cuando la primera salpicadura me tocó las piernas. Remamos en fila suelta, con pelícanos que a veces planeaban sobre nosotros o se zambullían cerca — uno me dio tal susto que casi se me cae el remo. Al acercarnos al islote, las rocas se volvieron filosas y oscuras, con pequeños parches verdes donde algunas plantas se aferraban. Javier señaló un túnel angosto en la roca; lo llamó “La Ventana.” Hacía un eco raro cuando alguien se reía dentro — un poco espeluznante pero divertido. Anclamos los kayaks y trepamos a la plataforma, con las manos llenas de arena y sal.
Subir más alto no fue tan difícil como temía (aunque mis piernas protestaron después). Hubo un momento en la cima donde todo quedó en silencio, solo se oían gaviotas lejanas y el romper de las olas abajo. Desde ahí se ve casi toda la Bahía de Banderas — un azul brumoso que parece no tener fin. Javier contó que a veces pasan delfines o incluso ballenas justo debajo; esta vez no vimos ninguno, pero estar ahí con el viento en la cara ya valió la pena. Al bajar, alguien intentó pronunciar “El Morro” con español perfecto y Javier se rió — al parecer ninguno lo clavó.

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