Caminarás por campos embarrados sobre el fiordo de Killary con Tom, el granjero, verás a sus perros pastores trabajar al mando y, si es verano, hasta podrás ayudar a esquilar ovejas o alimentar corderos con biberón. Una experiencia auténtica y práctica que te quedará grabada mucho después de dejar esas colinas verdes atrás.
Tu día incluye conocer a Tom, el granjero, en su granja de ovejas en las montañas de Connemara cerca de Galway, todas las demostraciones—pastoreo con perros todo el año y esquila tradicional a mano en verano—y hasta ayudar a alimentar corderos si están presentes. Al llegar, te darán botas y ropa impermeable para que no tengas que preocuparte por el barro o el clima.
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Tom nos dio botas de agua (menos mal, porque mis zapatillas se habrían hundido en el barro) y llamó a su perro pastor—creo que se llama Fly. Ella se quedó quieta hasta que él silbó, y entonces salió disparada como una flecha en blanco y negro. Verla reunir al rebaño fue impresionante; apenas hacía ruido pero cada oveja se movía como si lo hubieran ensayado. Tom nos contó que los entrena desde cachorros, que hace falta paciencia y “un poco de soborno”. Intenté silbar también, pero solo terminé con saliva en la barbilla. Tom se rió.
Si vienes en verano, hay algo más: la esquila a mano. Nada de máquinas, solo tijeras metálicas y brazos fuertes. La lana sale en grandes mantas que huelen a tierra y a lanolina (no me lo esperaba). Y si hay corderos por ahí—como nos pasó a nosotros—puedes acabar dándoles el biberón. Tienen el hocico húmedo y te rozan la mano como si ya te conocieran. Aún recuerdo esa vista del fiordo de Killary mientras sostenía a un corderito inquieto—ventoso, luminoso, perfecto en su desorden.
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