Comienza el día haciendo snorkel con tortugas en las aguas cristalinas de la bahía de Akumal, luego refréscate en las piscinas sombreadas del cenote Mariposa. Disfruta un almuerzo buffet con sabores locales en Canamayte y explora la antigua ciudad amurallada de Tulum con un guía que revive la historia maya. Prepárate para momentos de risa, asombro y quizá un nuevo platillo favorito.
La excursión dura todo el día, aproximadamente 8 horas incluyendo el transporte entre los lugares.
Sí, incluye snorkel guiado con tortugas en la bahía de Akumal y el equipo necesario.
Sí, se proporcionan lockers para que guardes tus cosas con seguridad mientras nadas o haces snorkel.
Sí, incluye un almuerzo buffet en Canamayte con comida local después de visitar el cenote Mariposa.
Lleva traje de baño, toalla, bloqueador solar (preferiblemente biodegradable), calzado cómodo para caminar en las ruinas y algo de efectivo para bebidas, ya que no están incluidas.
No, las bebidas no están incluidas; puedes comprarlas por separado durante el almuerzo.
Sí, el transporte con aire acondicionado incluye recogida en tu hotel o punto de encuentro en Tulum.
Es apta para la mayoría, pero no se recomienda para personas con problemas cardiovasculares debido a las actividades de natación.
Tu día incluye transporte con aire acondicionado desde tu hotel o punto de encuentro en Tulum, entradas a la bahía de Akumal y al cenote Mariposa (con chalecos y lockers incluidos), recorrido guiado por las ruinas de Tulum con un guía certificado bilingüe, y un almuerzo buffet en Canamayte antes de regresar cómodamente por la tarde.
Lo primero que recuerdo es el color: el mar en Akumal tenía un azul verdoso tan intenso que parecía casi irreal para ser temprano en la mañana. Acabábamos de bajar de la van (el aire acondicionado todavía se pegaba a mi piel) y nuestra guía, Ana, repartía el equipo de snorkel mientras se reía porque siempre alguien se pone las aletas al revés. Se sentía el aroma a bloqueador y sal. El agua estaba tibia, más cálida que mi ducha en casa, y cuando me sumergí, ahí estaban: dos tortugas marinas deslizándose como si fueran dueñas del lugar. Peces nadaban en todas direcciones. Intenté saludar a una tortuga (no sé por qué), pero ella solo seguía mordisqueando algo invisible en la arena.
Después de secarnos —mi toalla quedó llena de arena al instante— nos dirigimos al cenote Mariposa. La luz allí era distinta, suave y filtrada, con raíces de árboles colgando dentro del agua. Todo estaba en calma, salvo algunos niños chapoteando y la música de un teléfono a lo lejos. El agua tenía un sabor un poco terroso cuando accidentalmente tragué un poco (no lo recomiendo). Floté un rato mirando hacia arriba por la abertura, pensando en lo extraño que era sentir tanta paz después de nadar con tortugas apenas una hora antes.
El almuerzo en Canamayte fue un torbellino de sabores: salsas picantes, tortillas suaves y algo con semillas de calabaza tostadas que Ana llamó sikil pak (seguro lo pronuncié mal). Nos contó historias de su infancia cerca de ahí y nos señaló los platillos que su abuela preparaba mejor. Luego nos fuimos a las ruinas de Tulum, donde todo parecía bañado por el sol y lleno de historia. Iguanas descansaban sobre muros de piedra como si formaran parte de un club secreto. Nuestra guía nos explicó detalles de la cultura maya mientras caminábamos por los acantilados frente al mar; en un momento se detuvo para que viéramos a un pelícano lanzarse directo al agua. A veces todavía recuerdo esa vista cuando el ruido de la ciudad me abruma.

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