Tu excursión a Cinque Terre desde Lucca empieza con un traslado fácil y luego exploras tres pueblos costeros en bus, tren y (si el tiempo lo permite) barco. Disfruta de la brisa marina en Manarola, nada o come algo en Monterosso y tómate tiempo para absorber cada detalle sin prisas. Aquí no se trata de correr, sino de vivir momentos que recordarás siempre.
Es una experiencia de día completo que sale y regresa a Lucca el mismo día.
Visitarás Manarola, Vernazza y Monterosso durante el tour.
Sí, hay tiempo libre para nadar en Monterosso si quieres.
El paseo en barco está incluido cuando el clima lo permite; si no, se viaja en tren.
No incluye almuerzo; tendrás tiempo libre para elegir tu comida en Monterosso.
Sí, se requiere poder subir escaleras y caminar por superficies irregulares; no es apto para sillas de ruedas ni bastones.
No incluye recogida en hotel; los detalles del punto de encuentro se envían tras reservar.
Los bebés pueden participar pero deben ir en el regazo de un adulto durante el transporte.
Tu día incluye transporte en bus o minivan con aire acondicionado desde Lucca, además de todos los billetes de barco y tren entre Manarola, Vernazza y Monterosso. Un guía local te acompaña en cada pueblo y tendrás tiempo libre para nadar o explorar a tu ritmo antes de regresar por la tarde.
Siempre había oído hablar de los “Cinco Pueblos”, pero la verdad es que no esperaba sentirme tan pequeño parado en esos acantilados sobre Manarola. Salimos temprano de Lucca (casi me olvido las gafas de sol, típico en mí) y nuestra guía Paola ya nos hacía reír antes de llegar a la costa. Lo primero que me impactó al bajar del bus fue esa mezcla de aire salado y flores silvestres. Es curioso cómo puedes oler las dos cosas a la vez.
El día fue una combinación de tren y barco — aunque Paola nos avisó que a veces el mar está muy movido para navegar, así que tuvimos suerte. Desde el agua, todas esas casas pastel parecían un cuadro derramado. En Vernazza intenté pedir un café en italiano (el barista me sonrió con paciencia) y paseamos por callejuelas estrechas donde la ropa colgada bailaba con el viento. Hay una torre medieval antigua — subes y de repente solo estás tú, el viento y una vista que te hace olvidar el móvil por un rato. Ese rincón tranquilo todavía me viene a la mente.
Monterosso fue nuestra última parada — más grande de lo que imaginaba, con playas de arena donde la gente local se baña después del trabajo (Paola contó que ella se saltaba el cole aquí). Me metí un rato al agua; estaba más fría de lo que parecía, pero valió la pena. Para comer, cada uno eligió lo que quiso — yo me compré una focaccia al pesto en una panadería que olía a albahaca y levadura. Otro se pidió un helado en la playa; sinceramente, si vas, haz las dos cosas.
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