En Córdoba vivirás una cata privada de aceite de oliva con expertos locales, aprendiendo a descubrir sabores que nunca habías notado. Prueba cinco aceites virgen extra andaluces, combínalos con comida y prepara un postre tradicional cordobés. Risas, sabores inesperados y quizás una nueva pasión te esperan.
Durante la sesión pruebas cinco variedades diferentes de aceite de oliva virgen extra de Andalucía.
Sí, todas las áreas y opciones de transporte son accesibles para personas en silla de ruedas.
Sí, después de la cata elaboras un postre típico cordobés con aceite virgen extra y cacao.
Se ofrece agua mineral para todos los participantes durante la experiencia.
Sí, pueden participar bebés y niños pequeños; se permiten cochecitos y animales de servicio.
Tu experiencia incluye aire acondicionado, guía profesional en cata de aceites mientras pruebas cinco aceites andaluces de primera, agua mineral para refrescarte entre sorbos y una clase práctica para preparar un postre cordobés con aceite virgen extra antes de volver a recorrer la ciudad.
Lo confieso: yo pensaba que el aceite de oliva solo servía para la ensalada, hasta que me senté en Córdoba con nuestra guía Ana y cinco vasitos frente a mí. El aire olía a verde, casi a hierba fresca, y Ana sonrió al verme oler. “Ese es arbequina”, dijo, acercando un vaso. Es curioso cómo algo tan cotidiano puede volverse un misterio cuando te piden que prestes atención de verdad. Mi amiga intentó adivinar cuál venía de Jaén (se equivocó y Ana la gastó con cariño).
La cata fue más pausada de lo que esperaba, nada apresurada. Aprendimos a calentar el aceite girando el vaso en la palma, luego a inhalar profundo (juro que uno olía a hoja de tomate fresca). Ana explicó la diferencia entre amargor y picor, incluso nos dejó probar un aceite “defectuoso” para saber qué evitar en casa. Hubo un momento de silencio donde todos nos centramos solo en el sabor, sin hablar, solo el tintinear de los vasos y el crujir de una silla. No pensé que me importaría tanto el aceite de oliva.
Después preparamos un postre cordobés con aceite virgen extra y cacao — manos pringosas, muchas risas, sobre todo cuando la masa se me pegaba por todos lados. La luz afuera se volvió dorada y Ana nos sirvió agua mineral mientras contaba historias de las cosechas de su familia cerca de Priego de Córdoba. Aún recuerdo esa textura sedosa y lo distinto que sabía a todo lo que había hecho antes. Así que sí, ahora soy la persona que habla de aceite andaluz en las cenas.
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