Recorre el casco antiguo de Alicante con un guía local, probando vinos regionales y tapas clásicas en bares y mercados llenos de vida. Ríete con las aceitunas picantes, descubre las historias detrás de cada plato y pregunta todo lo que quieras—con opciones flexibles para vegetarianos o dietas especiales si avisas con tiempo. Quizá cambies tu forma de ver la comida española—o al menos te quedes con ganas de más queso.
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Pasear por el casco antiguo fue como hojear un álbum familiar. En un momento entramos a un mercado—si está cerrado, van a otro sitio, pero ese día estaba lleno de voces y el sonido del pescado sobre hielo. Un vendedor nos dio a probar un queso; era fuerte y desmenuzable, mejor que cualquier manchego que haya probado en casa. Marta nos presentó a un hombre que vendía aceitunas y nos insistió en probar las “picantes” (y vaya que lo eran), luego se rió cuando mi amigo tosió por el picante. No parecía un tour, sino que íbamos con alguien que conocía cada rincón.
Después caminamos por la Calle de Las Setas, que es aún más divertida de lo que su nombre sugiere—hongos gigantes pintados por todas partes, niños jugando alrededor mientras sus padres tomaban café cerca. La última ronda de tapas vino con otra copa de vino regional; esta tenía un toque casi floral, que me sorprendió para bien. Para entonces ya no me preocupaba mi español—todos parecían contentos de que estuviéramos allí. Terminamos charlando sobre dónde comen los locales los fines de semana (no en las guías) antes de despedirnos bajo esos hongos de caricatura. Aún recuerdo ese queso de vez en cuando.
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