Adéntrate en las mayores bodegas subterráneas de Australia con un guía local, escucha historias reales de la fiebre del oro mientras recorres esos túneles excavados a mano y prueba el icónico Sparkling Shiraz de Seppelt a la luz del día. Es parte historia, parte aventura sensorial —y seguro que seguirás pensando en esas frescas paredes de piedra mucho después de irte.
Tu día incluye una caminata guiada por las bodegas subterráneas declaradas patrimonio, con un experto local que comparte historias durante el recorrido, además de degustaciones de varios vinos espumosos —incluido su legendario Sparkling Shiraz— una vez que regreses a la superficie.
Las valoraciones vienen de viajeros que reservaron esta misma experiencia. No las editamos ni filtramos.
Leer todas las reseñas ›¿Alguna vez te has preguntado cómo se ven tres millones de botellas de vino descansando bajo tierra? Yo tampoco, la verdad, hasta que entramos por la antigua puerta de piedra de Seppelt Wines en Great Western. El aire cambió al instante: más fresco, con un toque terroso, y casi olía a libros viejos o a lluvia sobre las rocas. Nuestro guía, Tom (que creció cerca), encendió su linterna y sonrió como si guardara un secreto. Nos contó que estos túneles —los Drives— fueron excavados por mineros de oro que habían perdido la suerte en la superficie. “Tardaron más de sesenta años,” dijo mientras tocaba la pared. Si mirabas bien, podías ver las marcas de los picos.
Recorrimos esos pasillos interminables —unos tres kilómetros, según nos dijo—, algo increíble de imaginar cuando estás ahí abajo, solo con el eco de tus pasos y las historias de Tom rebotando en las paredes. Señaló unas pequeñas rayas de tiza hechas hace décadas (“Eso es el pedido de almuerzo de alguien en 1920,” bromeó). En un momento me quedé atrás solo para disfrutar del silencio absoluto. Hay algo en estar bajo tanta tierra que te hace sentir pequeño, pero a la vez protegido.
Al salir a la luz, mis gafas se empañaron un segundo (clásico), pero enseguida nos sirvieron copas del famoso Sparkling Shiraz de Seppelt. Si nunca lo has probado —yo tampoco— es un vino tinto espumoso que sabe a la vez a pudín de Navidad y a moras. Alguien preguntó por la receta y Tom solo guiñó un ojo —un secreto comercial, al parecer. Nos quedamos un rato más junto a la bodega, charlando sobre los días de la fiebre del oro y cómo la gente solía esconder botellas bajo sus abrigos para sacarlas a escondidas. Aún recuerdo esa primera copa bajo el sol —quizás fue más un suspiro de alivio tras tanta oscuridad fresca bajo tierra.
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