Vas a recorrer los mercados más coloridos de CDMX probando quesadillas recién hechas, moles y frutas tropicales que no conocías, y disfrutando mezcal con tu guía entre locales. Prepárate para reír, descubrir sabores nuevos y llevarte historias que te acompañarán — esto no es solo un tour de comida, es un pedazo auténtico de la ciudad.
Se visitan tres mercados principales: La Merced, Sonora y San Juan.
Sí, al final del tour hay una degustación de mezcal.
Probarás quesadillas, tlacoyos, gorditas, varios tipos de mole, frutas mexicanas e incluso insectos comestibles si te animas.
El tour incluye varias degustaciones vegetarianas como quesadillas y frutas; sin embargo, algunas paradas ofrecen carnes o insectos.
No se menciona transporte desde el hotel; hay opciones de transporte público cerca.
No se especifica la duración exacta, pero visitarás tres mercados principales con varias degustaciones en cada uno.
Sí, podrás comprar frutas, verduras, especias, juguetes, ropa y más durante la visita.
Sí, el tour es apto para todos los niveles físicos según la información disponible.
Tu día incluye más de 20 degustaciones — quesadillas recién hechas en el comal, tlacoyos o gorditas con café o té de olla — y muchas muestras de mole y frutas en el camino. Agua embotellada para mantenerte hidratado hasta el brindis final con mezcal ahumado junto a tu guía local antes de regresar lleno (y quizás con olor a copal todavía).
Confieso que ese día, al entrar al Mercado de La Merced, me sentí un poco abrumado — los colores eran casi demasiado intensos al principio. Nuestra guía, Mariana, nos llamó hacia un puesto donde unas mujeres preparaban quesadillas con masa de maíz azul directamente en un comal caliente. El aroma fue lo primero que me atrapó: maíz tibio y un toque picante en el aire. Probamos tlacoyos con nopales, y ella nos ofreció trozos de guanábana, una fruta que ni siquiera había visto antes. Seguro que terminé con mole en la camisa (otra vez), pero a nadie le importó — así es aquí.
Después fuimos al Mercado de Sonora, y la verdad, parecía que estábamos en el set de una película. Velas de colores intensos apiladas, estantes llenos de hierbas atadas con cuerda, y un hombre vendiendo lo que Mariana llamó “amuletos” para la suerte. No esperaba ver tantas familias comprando cosas cotidianas justo al lado de todo ese rollo de brujería. Alguien quemaba copal cerca y el humo se colaba entre los pasillos — se me quedó en el cabello por horas. En un momento intenté pedir una piñata en español; Li se rió de mi acento, pero me ayudó igual.
Cuando llegamos al Mercado de San Juan, ya tenía los pies cansados pero no podía dejar de sonreír. Este lugar es famoso por sus carnes exóticas e insectos (yo no me animé con los alacranes), pero sí probamos chapulines — saltamontes crujientes con chile y limón. ¡No tan raro como pensaba! Al final, Mariana nos sirvió vasitos de mezcal ahumado y brindamos mientras nos contaba que su abuela venía aquí cada semana. Sentí que nos habían dejado entrar a un ritmo secreto de la vida diaria en CDMX. Incluso ahora, cuando huelo tortillas frescas o mezcal en casa, recuerdo ese día — imperfecto, pero inolvidable en su propio desorden.

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