Únete a un grupo pequeño en una cocina real de Kuala Lumpur para preparar Nasi Lemak y otros platos malayos con una anfitriona local. Cocina con las manos, escucha historias detrás de cada receta, ríe con las pronunciaciones difíciles y disfruta una comida completa hecha por ti, con recetas para llevar. Más que una clase, es como ser parte de una familia por un rato.
Aprenderás Nasi Lemak (el plato nacional de Malasia), curry laksa, kway teow frito o fideos mee goreng, además de postres tradicionales como kuih gula melaka o bolitas de sésamo.
Sí, después de cocinar disfrutarás tu propia comida malaya casera acompañada de café o té.
La clase se lleva a cabo en una cocina de casa local en Kuala Lumpur con la anfitriona Fizah.
Sí, es apta para principiantes y cocineros con experiencia — Fizah te guía paso a paso.
Sí, te entregan todas las recetas para que puedas repetir los platos malayos en casa.
El grupo es pequeño y amigable para que todos tengan tiempo práctico y atención personalizada.
El contenido no especifica opciones vegetarianas — consulta al reservar si las necesitas.
Tu día incluye una clase práctica de cocina malaya en Kuala Lumpur con la guía de Fizah; todos los ingredientes; un almuerzo completo con los platos que cocines, incluido Nasi Lemak; café o té; y recetas impresas para llevar después de compartir la comida.
Nunca imaginé que la leche de coco pudiera oler tan bien. Apenas habíamos empezado la clase de cocina malaya en Kuala Lumpur y Fizah, nuestra anfitriona, ya se reía de lo mucho que olía la olla del arroz. Me dijo que esa es la verdadera señal de que tienes hambre de Nasi Lemak — que, por cierto, es el plato nacional de Malasia y no solo algo que encuentras en hoteles elegantes. Hasta entonces solo lo había probado en puestos callejeros. Prepararlo yo mismo se sintió raro, como si estuviera tomando prestado un secreto familiar por una tarde.
Picamos chalotas y machacamos pasta de chile mientras Fizah nos contaba historias de la cocina de su abuela — ella tampoco medía nada, simplemente echaba puñados de esto y aquello. Las ventanas de la cocina estaban abiertas y se escuchaban las motos pasando afuera, y en el aire flotaba una mezcla de cúrcuma y cebolla frita que se quedó pegada a mi camisa (sin quejarme). En un momento intenté pronunciar “kuih ketayap” bien y todos se rieron — las palabras en malayo son más difíciles de lo que parecen. Todo fue muy relajado, nada parecido a una clase formal.
Cuando nos sentamos a comer lo que habíamos preparado — Nasi Lemak con todos sus acompañamientos, además de curry laksa y unos dulces kuih de postre — me di cuenta de que no había mirado el móvil ni una sola vez. Hay algo muy especial en comer comida que tú mismo hiciste en la casa de otra persona. Al final Fizah nos dio las recetas impresas, pero lo que más me quedó fue su risa y esos pequeños consejos (“¡no apresures el sambal!”). Incluso ahora, cuando preparo arroz en casa, intento que huela igual a ese coco — sigo persiguiendo ese aroma.

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