Comienza en un animado barco en Es Canar y luego vuela sobre las calas del norte de Ibiza como Cala Mastella y Tagomago. Los guías locales se encargan de la seguridad para que solo disfrutes las vistas (y si quieres, te llevas un video HD). Música, bebidas, risas y momentos de silencio inesperado te esperan.
El vuelo dura entre 12 y 15 minutos.
No, no incluye recogida; el punto de encuentro es el puerto de Es Canar.
Sí, puedes añadir la opción de video HD al reservar.
Verás Cala Mastella, Cala Boix, Cala Leña, Cala Nova y la reserva de Tagomago.
Incluye agua embotellada y refrescos durante el paseo.
Es apto para todos los niveles físicos, pero no recomendado para embarazadas o personas con problemas cardiovasculares.
El equipo habla español, inglés, alemán y holandés.
Sí, hay opciones de transporte público cerca del puerto de Es Canar.
Tu día incluye agua embotellada y refrescos a bordo mientras suena música de fondo; todo el equipo de seguridad como chalecos aprobados está a cargo del amable equipo multilingüe; además, te entregan fotos de tu experiencia y si quieres más recuerdos, puedes añadir un video HD antes de regresar a tierra.
Lo primero que noté fue el aire salado, incluso antes de zarpar desde el pequeño muelle de Es Canar. Nuestra guía — creo que se llamaba Marta — nos entregó los chalecos salvavidas y soltó una broma sobre mis manos nerviosas (“Tranquilo, a todos les pasa la primera vez”). En el barco sonaba algo de pop español, no muy alto, justo para darle ese toque veraniego aunque las nubes empezaban a cubrir Cala Nova. Había familias y una pareja alemana charlando en su idioma; de alguna forma todo encajaba en esa vibra relajada tan típica de Ibiza.
No esperaba que el despegue fuera tan suave. Un segundo estaba de pie en la cubierta con los pies descalzos pegados al cálido fibra de vidrio, y al siguiente ya flotaba sobre Cala Mastella. Desde arriba se veían esas calitas diminutas — Cala Boix parecía casi irreal, como una postal, pero con la brisa marina golpeándote la cara. Lo que más me sorprendió fue el silencio allá arriba; solo escuchas el viento y tu propia respiración por un momento. Abajo alguien se rió intentando decir “Tagomago” (seguro yo también lo dije mal). Es curioso qué cosas se quedan grabadas.
El equipo se encargó de todo — prepararon el paracaídas, nos aseguraron bien, y tenían agua embotellada lista para cuando aterrizáramos. Hay opción de grabar en alta definición (mi amigo todavía se ríe de cómo se me volaba el pelo en el video), y la verdad quedó mejor que cualquier selfie. Cuando volvimos al barco, Marta me dio un refresco y señaló un pequeño barco pesquero cerca de Cala Leña. Justo al final salió el sol — un timing perfecto. A veces todavía recuerdo esa vista cuando escucho ciertas canciones.

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