Degustarás café y chocolate recién tostados en Bijagua, verás perezosos descansando en la selva, disfrutarás comida casera costarricense rodeado de mariposas y terminarás el día refrescándote bajo la catarata Llanos de Cortés—todo sin caminatas agotadoras ni prisas.
“Prueba este, huele a lluvia,” sonrió nuestro guía Diego, mostrando un puñado de granos de cacao brillantes. Acabábamos de bajarnos de la van en Bijagua, ese pequeño pueblo entre los volcanes Miravalles y Tenorio donde el aire se siente cargado de verde. El suelo aún estaba húmedo por la tormenta de anoche, así que cada paso hacía un pequeño chasquido. No podía dejar de distraerme con los pájaros que volaban rápido sobre nosotros—Diego los conocía todos, pero yo solo recordaba al tucán (ese pico es imposible de olvidar). Nos enseñó a abrir las vainas de cacao—con su pulpa pegajosa y dulce—y luego nos dejó moler café tostado a mano. Mis brazos se cansaron rápido, para mi vergüenza. Pero ese aroma… profundo y terroso, como el suelo del bosque después de la lluvia.
No esperaba reír tanto en el parque de perezosos. Había una rana diminuta sobre una hoja, azul brillante como si la hubieran pintado a propósito. Diego nos señaló a una mamá perezoso acurrucada en lo alto de las ramas—parecía una hamaca peluda colgada entre dos árboles. Caminamos despacio por senderos fáciles (sin caminatas agotadoras), deteniéndonos para ver serpientes tomando el sol o mariposas posándose en nuestras mangas. No había prisa; íbamos al ritmo que nos daba la gana. El teléfono de alguien sonó con un tono de salsa y todos nos reímos sin razón. Me gustó ese momento.
El almuerzo fue en El Sabor de Doña Carmen—un lugar que huele a leña y a algo dulce friéndose en aceite. Mientras esperábamos los platos casados (arroz, frijoles, plátanos—todo completo), nos metimos en su jardín de mariposas detrás del restaurante. La luz allí era suave y dorada; podría haberme quedado horas mirando esas alas moverse si no fuera porque el estómago volvió a rugir. La última parada fue la catarata Llanos de Cortés—a solo cinco minutos por un sendero fácil entre árboles hasta que escuchas el rugido del agua. Ese primer chapuzón frío cuando entras… sí, todavía lo recuerdo cuando estoy atrapado en la oficina.
La caminata dura unos cinco minutos por un sendero suave dentro del bosque.
Sí, no hay caminatas exigentes, solo paseos tranquilos por senderos en la selva.
Sí, durante la visita a la finca podrás degustar café recién tostado y chocolate.
Visitarás un parque de vida silvestre donde es muy probable ver perezosos.
Sí, el almuerzo en El Sabor de Doña Carmen está incluido.
El tour incluye transporte privado con recogida en tu alojamiento.
El tour es ideal para todas las edades y niveles de condición física; si necesitas, hay asientos para bebés.
Tu día incluye transporte privado con recogida, agua embotellada durante todo el recorrido, un paseo fácil por la selva de Bijagua con un guía local que te contará historias, degustación práctica de café y chocolate en la finca, tiempo para ver perezosos y otros animales sin esfuerzo, almuerzo en El Sabor de Doña Carmen (con tiempo para explorar su jardín de mariposas), y entrada a la catarata Llanos de Cortés antes de regresar cómodamente en vehículo con aire acondicionado.


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