Tu aventura en Farellones comienza en Santiago con un cómodo pickup cerca de Parque Arauco para luego subir a los Andes nevados. Prueba tu primera clase de esquí (equipo incluido), baja a toda velocidad por las pistas de tubing o disfruta paseos en trineo en Farellones Park, y ríe junto a guías locales que conocen todos los trucos. Al atardecer, te llevarás más que piernas cansadas: quizá una historia para contar.
El punto de encuentro es el estacionamiento Turistik en Av. Pdte. Kennedy Lateral 5059, Las Condes, cerca del mall Parque Arauco en Santiago.
Sí, se incluye ropa para la nieve y equipo de esquí para participantes desde los 7 años en adelante.
Sí, puedes disfrutar de pistas de tubing, paseos en trineo, canopy, bicicletas y otras atracciones aunque no esquíes.
No incluye almuerzo, pero en Farellones Park hay cafés y restaurantes para comer o tomar algo.
Las clases de esquí son para niños desde 7 años; los más pequeños solo tienen traslado.
Sí, el traslado ida y vuelta desde Santiago a Farellones Park está incluido exclusivamente para tu grupo.
Sí, tu guía habla español e inglés durante toda la experiencia.
Vístete abrigado; se proporciona ropa para la nieve, pero lleva calcetines y guantes extra porque el clima puede ser frío o cambiar rápido.
Tu día incluye traslado ida y vuelta desde la zona de Parque Arauco en Santiago hasta Farellones Park en los Andes; entrada a todas las actividades del parque como canopy, bicicletas, telesilla panorámico, trineos y tubing; clases de esquí compartidas con equipo para mayores de 7 años; además de la guía amable y bilingüe que asegura que todos se sientan bienvenidos, incluso principiantes como yo.
Confieso que no estaba seguro de si lograría mantenerme de pie en los esquís en Farellones, y mucho menos deslizarme sin caerme. Pero esa es parte de la gracia, ¿no? Nos juntamos con el grupo afuera del Parque Arauco (un centro comercial grande en Las Condes, fácil de reconocer por los taxis y el bullicio de la mañana). Nuestra guía, Valentina, nos entregó unas chaquetas gruesas que olían un poco a nieve de la semana pasada. Al lado mío había un niño de unos siete años que ya se jactaba de que le ganaría a su papá en el tubing. Yo solo intentaba no dejar caer mis guantes.
El camino hacia los Andes es lleno de curvas, y esa sensación rara en los oídos al subir se siente inevitable. Las montañas parecían demasiado blancas bajo el sol, y de vez en cuando alguien señalaba una llama o un grupo de flores silvestres asomando entre la nieve. Al llegar a Farellones, parecía que habíamos entrado a otro mundo: familias riendo en paseos en trineo, adolescentes gritando mientras bajaban por las pistas de tubing, incluso una pareja intentando sacarse selfies mientras sus lentes se empañaban. Nuestro instructor de esquí (creo que se llamaba Nico) tenía una paciencia increíble para explicar todo; nos mostró cómo ajustar las botas y no se rió cuando me caí al instante. Bueno, quizás un poco sí.
Nunca pensé que disfrutaría tanto caerme de bruces. Después de un rato, mis piernas dejaron de temblar y logré deslizarme despacio por una pista para principiantes. El aire era frío y puro; si prestabas atención entre el aroma a bloqueador solar y el chocolate caliente que venía del café, podías oler los pinos cercanos. En un momento, Valentina señaló el telesilla panorámico y nos contó historias de su primera vez esquiando aquí cuando era niña. Eso me hizo sentir menos torpe, como un cervatillo aprendiendo a caminar.
De regreso a Santiago, todos estábamos cansados pero felices, con las mejillas rojas por el viento o quizás por tanto reír. No podía dejar de pensar en ese instante de silencio en la cima de la pista antes de lanzarme de verdad. Puede sonar tonto, pero todavía me llena de orgullo.

¿Necesitas ayuda para planear tu próxima actividad?