Sumérgete en la historia viva de Cape Breton: desde los aldeanos gaélicos de Highland Village hasta cruzar los lagos Bras d’Or en ferry y explorar el Museo Bell en Baddeck. Disfruta de relatos locales, mariscos frescos y vistas que se quedan contigo mucho después.
Tu día incluye todas las entradas y tasas, además de recogida en el muelle del barco—el guía te espera al llegar—sin preocupaciones logísticas. Tendrás tiempo para almorzar o tomar algo en Baddeck antes de regresar por rutas panorámicas hacia el puerto de Sydney.
Las valoraciones vienen de viajeros que reservaron esta misma experiencia. No las editamos ni filtramos.
Leer todas las reseñas ›Para ser sincero, reservé este tour principalmente porque nunca había oído hablar de los lagos Bras d’Or, y ese nombre se me quedó grabado. Al bajar del barco en Nueva Escocia, Robert ya nos esperaba en el muelle con su chaqueta roja brillante (imposible no verlo), sosteniendo un cartel de Blackwood Tours. Nos saludó con una sonrisa como si nos conociera de toda la vida. El aire olía a hierba mojada y sal marina, uno de esos días en que no sabes si va a llover o no.
El recorrido por el interior de los lagos Bras d’Or fue casi silencioso al principio. Nuestro guía señalaba detalles pequeños—viejas cabañas de pescadores, una garza inmóvil entre los juncos—y contaba historias de los colonos escoceses y el pueblo Mi’kmaq que me hicieron desear haber prestado más atención en historia. En Highland Village, entramos en un pueblo escocés del siglo XVII donde la gente realmente hablaba gaélico (intenté decir “madainn mhath”—buenos días—y una mujer que tejía lana me respondió con un asentimiento amable). El olor a humo de turba se quedó en mi suéter por horas.
Cruzamos en un pequeño ferry por Little Narrows—fue un viaje de cinco minutos que se sintió como todo un evento. Baddeck es pequeño pero con su propio ritmo; probé una sopa de mariscos en un lugar recomendado por nuestro guía (todavía recuerdo ese caldo picante). El Museo Alexander Graham Bell fue muy diferente a lo que esperaba—Bell estaba obsesionado con las máquinas voladoras, no solo con los teléfonos. Ver fotos antiguas de él jugando con cometas en estas costas ventosas tiene algo conmovedor.
De regreso paramos en St. Anns Lookoff para disfrutar de una vista brumosa de la Cabot Trail—las fotos en mi móvil no le hacen justicia—y luego en el puente Seal Island, donde se sentía el olor a salitre en el viento. El día transcurrió más despacio de lo que imaginaba, y para bien. No dejo de recordar el silencio cuando mirábamos esos lagos, solo agua, cielo y alguien contándote en voz baja hacia dónde está el hogar.
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