Navega por canales escondidos en un tour privado por el Delta del Tigre con guía local, para en almuerzos rústicos entre casas en los árboles, observa aves en zonas protegidas y disfruta vistas inesperadas de Buenos Aires desde el río. Cada instante es un respiro distinto a la ciudad: relájate, nada si quieres o simplemente escucha el susurro del río.
Para ser sincero, me puse un poco nervioso cuando nuestro guía apagó el motor y nos dejamos llevar por un estrecho canal en el Delta del Tigre. El agua se volvió un espejo, y lo único que se escuchaba eran los pájaros y ese zumbido suave de los insectos que solo notas cuando todo está en silencio. Martín, nuestro guía, nos sonrió como si guardara un secreto —y seguro que lo tenía. Señaló unas casas de fin de semana sobre pilotes, unas pintadas con colores vibrantes y otras casi engullidas por las enredaderas. Intenté decir “barranca” como él, pero lo arruiné totalmente; se rió y me dijo que a todos les pasa.
Este paseo privado en barco no tuvo nada que ver con esos grandes cruceros que ves desde Buenos Aires. Parábamos de vez en cuando —a veces para nadar (el agua está más fresca de lo que parece), otras para simplemente dejar que el silencio nos envolviera. Hubo un bar, casi escondido entre los árboles, donde almorzamos —mesas de madera, servilletas de papel, pescado a la parrilla que olía a humo dulce antes de llegar al plato. Aún recuerdo ese primer bocado; tal vez fue el aire del río o simplemente estar lejos del ruido de la ciudad. Es curioso cómo aquí se te olvida que tienes el teléfono.
Más tarde, Martín nos llevó a un canal más ancho y de repente —bam— apareció el skyline de Buenos Aires al otro lado del río. Se veía tan cerca y a la vez tan lejano, rodeado de ese enredo de verde y orillas fangosas. Algunos del grupo se animaron a nadar otra vez (yo me rajé al ver saltar un pez), pero para mí bastó con quedarme sentado viendo cómo cambiaba la luz sobre el agua. La excursión completa al Delta del Tigre desde Buenos Aires se sintió a la vez lenta y llena, como si el tiempo se estirara distinto en esos canales. No sé si fue por el lugar o por cómo manejaba Martín el paseo, pero sin dudas… lo repetiría.
El paseo dura entre 4 y 5 horas, según las paradas y el ritmo.
Puedes parar a almorzar en bares rústicos a la orilla del río durante el recorrido.
Incluye transporte privado para tu grupo.
Sí, los bebés pueden ir en cochecito o silla de paseo y deben sentarse en el regazo de un adulto.
Sí, los animales de servicio están permitidos durante el paseo en barco.
Los barcos semirrígidos llegan a canales estrechos inaccesibles para embarcaciones grandes y permiten paradas flexibles para nadar o caminar.
Sí, parte del recorrido ofrece vistas únicas de Buenos Aires desde el Río de la Plata.
El tour es apto para personas de todas las condiciones físicas.
Tu día privado incluye recogida en barco semirrígido desde Buenos Aires con guía local a bordo; paradas flexibles para nadar o caminar; tiempo para disfrutar de bares rústicos junto al río para almorzar (comida no incluida); además de muchas oportunidades para avistar aves o simplemente flotar por canales tranquilos antes de regresar con comodidad.


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