Entra al Cube of Art en Uppsala, donde las instalaciones digitales reaccionan a cada movimiento—te persiguen con colores o se detienen en silencio si te quedas quieto. Con entradas online flexibles y accesibilidad total para cochecitos y sillas de ruedas, cualquiera puede disfrutarlo. Prepárate para reír, sorprenderte y vivir el arte como algo vivo a tu alrededor.
Tu visita incluye entradas online flexibles (reprogramables si es necesario) y acceso a todas las exhibiciones interactivas dentro del Cube of Art en Uppsala, sin costes extra ni sorpresas.
Las valoraciones vienen de viajeros que reservaron esta misma experiencia. No las editamos ni filtramos.
Leer todas las reseñas ›Lo primero que noté al entrar al Cube of Art en Uppsala fue el chirrido de mis zapatos contra el suelo oscuro — sonaba más fuerte de lo que esperaba. Todo el espacio es un cubo negro y alto, como si entraras en una pantalla en blanco antes de que empiece la película. Tenía las entradas en el móvil (muy fácil) y nadie se fijó en cómo pronuncié mi sueco. Se escuchaba un zumbido suave, probablemente de toda la tecnología oculta tras las paredes. Era como subir a una nave espacial, pero en vez de gente seria, había risas y brazos moviéndose por todos lados.
No entendí bien qué era “arte interactivo” hasta que vi a Li — nuestra guía — mover la mano y de repente unas formas en la pared estallaron en colores y comenzaron a moverse a su alrededor. Sonrió y nos animó a probarlo. Dudé un momento (la verdad, no sabía si me vería ridículo), pero un niño pequeño pasó corriendo y las luces lo siguieron, así que pensé, ¿por qué no? Cada paso que das cambia algo: los colores giran, los sonidos van de pitidos suaves a tonos más profundos, a veces parece que el arte respira contigo. La clave aquí es “interactivo”—no es solo mirar, tú formas parte de la experiencia.
En un momento me quedé quieto para ver qué pasaba si no hacía nada — y resulta que hasta el silencio lo detectan esos sensores lidar. El arte se calmó, bajó el volumen, casi parecía pensativo. Es curioso cómo olvidas que hay más gente en la sala cuando ves la luz moverse sobre tus manos. Li nos contó que algunas piezas son de estudiantes locales de la Universidad de Uppsala, lo que me sacó una sonrisa; encaja perfecto con una ciudad que siempre parece estar llena de estudiantes.
El lugar es totalmente accesible para sillas de ruedas (vi a alguien pasar sin problemas), y había desde bebés en cochecitos hasta personas mayores disfrutando a su ritmo. No necesitas saber nada de arte digital para venir, solo tener curiosidad. Salimos después de una hora más o menos (perdí la noción del tiempo), pero todavía recuerdo ese momento en que todo quedó en silencio salvo esos suaves sonidos electrónicos que me acompañaron al salir.

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