Cruza a la capital moldava, pasea por el centro reconstruido y sus parques, y luego baja a las bodegas subterráneas de Cricova a 50–80 metros de profundidad para catar vinos y ver colecciones de Putin y Berlín en la Segunda Guerra Mundial. Incluye recogida en hotel, guía, entradas y cata; el almuerzo es opcional. Prepárate para un día completo con cruce de frontera y recorrido subterráneo.
¿Es este para ti?Ideal si quieres cruzar a Moldavia y conocer su capital sin preocuparte por el cruce de frontera — el guía se encarga de todo para que disfrutes la experiencia. La bodega subterránea y el ritmo de día completo te permiten ver Chisinau, el Monasterio de Capriana y las bodegas de Cricova en un solo viaje.
Tu día incluye recogida y regreso al hotel en Iasi, transporte en vehículo moderno con guía profesional en inglés, entradas a las principales atracciones de Chisinau y a la bodega Cricova, cata de vinos y botella de agua. El almuerzo en la bodega es opcional y con coste adicional.
Las valoraciones vienen de viajeros que reservaron esta misma experiencia. No las editamos ni filtramos.
Leer todas las reseñas ›El viaje desde Iasi hasta Chisinau te lleva cruzando la frontera moldava mientras tu guía se encarga de todo, para que puedas relajarte y disfrutar del cambio en el paisaje. Al llegar a la capital, Chisinau se va mostrando poco a poco: una ciudad reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial y un terremoto en 1940 que la dejaron casi en ruinas, por eso lo que ves hoy son principalmente bloques de la era soviética mezclados con construcciones más modernas. Tu guía te lleva por los puntos clave: el Arco de Triunfo, las Puertas Sagradas de 1841 en el centro, y un parque donde escucharás la historia del príncipe Stefan, figura medieval que define la identidad moldava. No es una ciudad llamativa, pero tiene una sinceridad que no oculta su pasado.
Después llega la bodega Cricova, y aquí el día toma un giro realmente curioso. Las bodegas están entre 50 y 80 metros bajo tierra, tan profundas que las recorres en vehículo pasando por túneles que se extienden por kilómetros. La magnitud impresiona: aquí Putin guarda su colección personal y también verás los vinos privados de Hermann Goering, confiscados por el Ejército Rojo en Berlín en 1945 y aún almacenados allí. Cricova es la joya de la producción vinícola moldava, y la cata te guía por su variedad acompañada de alguien que conoce bien la historia local. Te dan una botella de agua para el camino, y si quieres, puedes comer allí — el almuerzo es opcional, así decides según cómo te sientas a mediodía.
El regreso a Rumanía es por la tarde, y para entonces ya habrás cruzado la frontera dos veces y explorado una ciudad subterránea. Es un día completo — de esos que vuelves a Iasi con historias que no encajan en categorías. La recogida y regreso al hotel están incluidos, así no tienes que preocuparte por el transporte; el guía habla inglés y se ocupa del cruce fronterizo, lo que te quita un buen peso de encima.

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