Empezarás tu clase de surf en la playa de Matosinhos, Porto, con todo el equipo incluido y instructores que te guiarán en cada paso. Prepárate para reír y aprender lo básico en un grupo pequeño, además de disfrutar el ambiente local antes de volver con el pelo salado y una sonrisa enorme.
Sí, la clase está pensada para principiantes con guía paso a paso de instructores certificados.
La clase se lleva a cabo en la playa de Matosinhos, en Porto.
El grupo es pequeño, con un máximo de 8 personas por clase.
Sí, todo el equipo, incluyendo trajes y tablas, está incluido en el precio.
No, no se menciona recogida; los participantes se encuentran directamente en la playa de Matosinhos.
Los bebés y niños pequeños pueden estar en cochecito pero no participar; se recomienda tener una condición física moderada.
La actividad no es recomendada para embarazadas ni personas con problemas de columna o salud cardiovascular.
Sí, hay opciones de transporte público cerca de la playa de Matosinhos.
Tu día incluye todas las tasas y tarifas para la clase de surf, además del uso de trajes de neopreno y tablas; todo está listo para que solo te concentres en aprender a coger tu primera ola sin preocuparte por nada más.
Siempre me imaginé de pie sobre una tabla de surf en algún lugar cálido, pero al final fue en Porto — y la verdad, me alegro. Cuando llegamos a la playa de Matosinhos, el aire olía a sal y a pescado a la parrilla de los locales que estaban detrás. Nuestro instructor, Pedro, tenía una sonrisa paciente y me pasó un traje de neopreno que, una vez puesto, resultó sorprendentemente cómodo. La arena estaba fresca bajo mis pies, no era suave del todo, pero tampoco áspera. Hicimos un calentamiento rápido donde me di cuenta de lo tiesos que tenía los brazos — Pedro se rió y dijo que al principio todos parecen torpes.
¿La parte de surfear? Mucho más difícil de lo que parece en YouTube, pero también mucho más divertida. Las olas aquí son suaves, así que no parece que te castiguen por intentarlo. Pedro no paraba de animarnos en portugués (y a veces en inglés), y hubo un momento en que casi me puse de pie — me caí justo después, pero igual fue una victoria. Éramos solo seis en el grupo, así que nadie se perdió ni quedó sin atención. En un momento me tragué un poco de agua salada y uno de los compañeros me sonrió como diciendo “sí, pasa.” Fue un momento raro pero que unió al grupo.
No esperaba reírme tanto — y menos de mí mismo — ni preocuparme por hacerlo perfecto. Después, nos quitamos los trajes de neopreno (más difícil de lo que parece) y nos quedamos un rato sentados en la arena viendo a los locales pasear a sus perros por el paseo marítimo. Tenía los brazos como gelatina, pero no podía dejar de sonreír. Si alguna vez pensaste en hacer una clase de surf en Porto, aunque estés nervioso o torpe o lo que sea… de verdad, anímate. Todavía recuerdo esa primera ola.

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