Comienza tu día en Playa Galé, Albufeira, con un instructor local amable que hace que aprender a surfear sea sencillo, incluso si estás nervioso. Calienta en la arena, aprende lo básico de seguridad en el mar y pasa la mayor parte del tiempo intentando coger olas con todo el equipo incluido. Prepárate para reír, recibir apoyo y acabar con un poco de sal en el pelo.
Sí, la clase está pensada para principiantes e intermedios.
La clase se lleva a cabo en Playa Galé, Albufeira.
La clase dura aproximadamente 2 horas.
Sí, tanto el traje como la tabla están incluidos en la clase.
La experiencia es apta para todos los niveles; los bebés pueden ir en cochecito cerca.
Sí, se permiten animales de servicio durante la actividad.
Sí, hay opciones de transporte público cerca.
No, no se recomienda para mujeres embarazadas.
Tu día incluye una clase de surf de dos horas en Playa Galé con un instructor local certificado que te guiará en cada paso; todo el equipo necesario como traje y tabla está incluido para que solo te preocupes por disfrutar y aprender.
No pensé que me pondría nervioso hasta que vi el traje de neopreno extendido sobre la arena en Playa Galé. El aire atlántico era salado y un poco fresco, pero nuestro instructor João sonrió y dijo: “Hoy es el día perfecto para aprender.” Me entregó una tabla que pesaba más de lo que esperaba—quizá es que no estoy acostumbrado a cargar cosas tan incómodas. Éramos varios en el grupo, casi todos principiantes como yo, y João alternaba entre portugués e inglés con tanta naturalidad que me mareaba un poco.
Empezamos con un calentamiento en la arena—muchos estiramientos y risas cuando alguien (sí, yo) no lograba imitar bien la postura de surfista que hacía João. Nos habló sobre la seguridad en el mar de una forma que sonaba importante pero nada intimidante. El sol se escondía detrás de las nubes, lo que fue un alivio porque no quería asarme antes de meterme al agua. Cuando finalmente remamos mar adentro, escuchaba a niños gritar más abajo en la playa y olía a protector solar mezclado con algas. Ese primer instante tumbado boca abajo sobre la tabla, esperando la ola, fue extrañamente tranquilo.
Montar una ola es más difícil de lo que parece—mis brazos se cansaron rápido—pero João no paraba de animarnos desde cerca. Logré ponerme de pie una vez, unos tres segundos (que para mí parecieron diez). Él aplaudió igual. En un momento intentó enseñarnos a decir “surf” en portugués—“surfar”—y Li, del grupo, se rió cuando lo pronuncié fatal. Todos nos caímos al menos una vez, pero a nadie le importó; había un ambiente relajado que hacía que equivocarse fuera parte de la diversión. Todavía recuerdo esa sensación de sal en los labios y arena por todos lados cuando terminamos.

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