Recorre las colinas sagradas de Swayambhunath con vistas a la ciudad, presencia antiguos rituales hindúes en los ghats de Pashupatinath, gira ruedas de oración bajo la mirada de Boudhanath y pasea entre palacios en las Durbar Squares—todo con guía local y transporte privado. Momentos que te acompañarán mucho después.
El tour cubre cinco sitios principales en un solo día.
Sí, incluye transporte privado de ida y vuelta desde tu hotel.
Todos los impuestos están incluidos en el precio del tour.
Sí, es adecuado para todos los niveles de condición física.
Visitarás Swayambhunath (Templo de los Monos), Templo Pashupatinath, Estupa Boudhanath, Patan Durbar Square y Kathmandu Durbar Square.
El tour es guiado por un experto con licencia oficial del gobierno.
Se incluye agua embotellada para todos los participantes.
Hay opciones de transporte público cercanas si las necesitas.
Tu día incluye transporte privado con aire acondicionado desde y hacia tu hotel; agua embotellada durante el recorrido; todos los impuestos incluidos; visitas a sitios Patrimonio de la UNESCO con un guía licenciado y mucha libertad para detenerte o hacer preguntas.
“Esto tienes que verlo,” nos dijo nuestro guía Rajesh, señalando las escaleras hacia Swayambhunath. Yo ya estaba sin aliento a mitad de subida—esas escaleras no son broma—pero el aroma a incienso y el sonido de las ruedas de oración me animaron a seguir. Los monos corrían de un lado a otro, arrebatándose snacks entre ellos. Arriba, Katmandú se desplegaba a nuestros pies, un mar de tejados y neblina. Intenté sacar una foto, pero nada se compara. Hay un momento en que simplemente te quedas en silencio porque todo te sobrepasa—el viento, las campanas, ese olor dulce y extraño de las lámparas de mantequilla.
Luego nos adentramos por callejones estrechos rumbo a Pashupatinath. El aire cambió—más denso, con humo. Vimos sadhus vestidos de naranja sentados en posición de loto junto al río, con caras pintadas de formas extravagantes. Rajesh nos explicó algunos de los rituales en los ghats, pero la mayoría del tiempo solo observamos en silencio. Fue como entrar en un mundo privado. No esperaba emocionarme tanto; aún recuerdo esos cantos resonando sobre el agua.
Boudhanath fue otro mundo—una enorme cúpula blanca con ojos pintados en cada lado, como si te vigilara. La gente caminaba en sentido horario alrededor, girando las ruedas de oración una a una (yo también lo intenté; mis manos quedaron con un leve olor metálico). Había tiendas vendiendo velas de manteca de yak y pequeños collares de cuentas—Li se rió cuando traté de pronunciar “khata” (sin éxito). Para entonces había perdido la noción del tiempo por completo.
Finalmente, Patan Durbar Square y Kathmandu Durbar Square. Tantas tallas por todos lados—ventanas de madera con detalles diminutos que pasarías por alto si vas con prisa. Niños jugando fútbol frente a templos antiguos, ancianos tomando té bajo vigas talladas. Nuestro recorrido por estos sitios patrimonio de Katmandú fue como viajar siglos en una tarde. Terminamos en el hotel cansados pero felices—los zapatos llenos de polvo y la cabeza llena de recuerdos.
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