Explora Cancún a tu ritmo con un conductor privado: elige cenotes, playas o ruinas, para a probar tacos callejeros o ceviche local, y disfruta de bebidas frías durante el camino. Con recogida y regreso al hotel flexibles y un local al volante, descubrirás lo que más te importa y quizás alguna sorpresa.
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Teníamos doce horas para disfrutar sin un plan fijo, solo una lista de lugares que habíamos anotado la noche anterior. Miguel nos escuchó hablar de cenotes y ruinas mayas cerca de Tulum, y luego nos sugirió una playa que le gustaba al sur de Playa del Carmen (“menos gente y mejor ceviche,” prometió). Cambiaba entre español e inglés con tanta facilidad que me dio ganas de haber prestado más atención en el colegio. La carretera que sale de Cancún está rodeada de selva verde y estallidos de buganvilias, y a veces se siente el aroma de algo asándose en puestos al borde del camino. Es curioso cómo esas pequeñas cosas se quedan en la memoria.
Recuerdo flotar en uno de esos cenotes de piedra caliza, con el agua fría contra la piel quemada por el sol, mientras escuchaba a Miguel reír con unos locales que hacían un picnic cerca. Nos hizo señas para que probáramos su salsa casera (tan picante que me ardieron los labios por una hora). Más tarde, de regreso a la ciudad, todos nos quedamos en silencio un rato, viendo cómo la luz cambiaba a través de las ventanas mientras el día se apagaba. Sentí que nos habían dejado entrar a algo privado de esta parte de México, no solo visitando lugares, sino viendo realmente cómo vive la gente aquí. Esa vista desde el asiento trasero aún me viene a la mente.
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