Pondrás tu nombre en una estrella del Paseo de la Fama en Los Ángeles, posarás para fotos profesionales con accesorios divertidos y te llevarás cuatro fotos digitales únicas más un video, todo enviado al instante a tu móvil. Es divertido, ruidoso y sorprendentemente personal—un pedacito de la energía de Hollywood que puedes conservar.
Sí, puedes elegir cualquier nombre o palabra con letras metálicas doradas que colocamos en la estrella.
Sí, recibirás cuatro fotos digitales en diferentes estilos y un video corto enviados directamente a tu teléfono.
Sí, todas las áreas y superficies son accesibles para sillas de ruedas y también para cochecitos de bebé.
Solo asegúrate de que tu teléfono esté cargado para recibir las fotos y el video al instante.
Sí, un fotógrafo profesional te guiará en las poses y tomará fotos y video durante la sesión.
Es una parada rápida en Hollywood Boulevard, pero con tiempo suficiente para varias poses y estilos.
Sí, incluimos accesorios personalizados para que la sesión sea aún más divertida.
Tu experiencia incluye personalizar tu propia estrella del Paseo de la Fama con letras doradas para cualquier nombre o palabra que elijas, cuatro fotos digitales en estilos variados tomadas por un fotógrafo profesional, un video al estilo cinematográfico enviado al instante a tu móvil, además de accesorios divertidos para la sesión—todo completamente accesible para sillas de ruedas o cochecitos si lo necesitas.
¿Alguna vez te has preguntado cómo se siente ver tu propio nombre en una estrella de Hollywood? Yo tampoco le di mucha importancia hasta que estuvimos ahí, justo en medio de Los Ángeles, con gente pasando a nuestro lado y algún artista callejero cantando éxitos de los 80. Nuestra guía (creo que se llamaba Carla) me entregó unas letras doradas—más pesadas de lo que parecen—y me ayudó a formar mi nombre en la estrella. Es raro, pero muy satisfactorio ir colocando cada letra mientras los turistas miran, algunos sonríen, otros siguen su camino. El sol brillaba en todo y se olía a churros de un carrito cercano.
La fotógrafa nos hizo reír más de lo que esperaba—no paraba de decir “¡pon tu mejor cara de película!” y la verdad, no tenía ni idea de qué quería decir, así que solo sonreí como un tonto. Hay un momento en la pose donde te das cuenta de cuánta gente ha caminado por esa misma acera soñando con su gran oportunidad. Los clics de la cámara tenían un aire casi teatral con todo el ruido alrededor—claxonazos, fragmentos de español, alguien discutiendo por el parquímetro. Nos dieron cuatro fotos digitales en estilos distintos (una parecía sacada de una revista vintage) y hasta un video corto que nos enviaron al móvil antes de irnos. Ojo con la batería; casi me quedo sin fotos porque tenía solo 3%.
Me sigo riendo al recordar lo torpe que me veía intentando hacer una pose de “actor serio”—Carla dijo que era muy “método”. Pero no se trata de fingir ser famoso. Para mí fue más ser parte del caos de Hollywood por un momento, justo ahí en medio de todo. Y sí, cada vez que veo esas fotos me vuelve esa sensación—simplemente ser un poco tonto bajo las palmeras mientras Los Ángeles sigue su ritmo alrededor.
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