Conduce tu propio buggy off-road por la Sierra de Mijas con un guía local. Prepárate para caminos de tierra, cruces de ríos y paradas para disfrutar vistas increíbles de la Costa del Sol. Incluye equipo de seguridad y agua; solo trae ganas de aventura (y quizá una camiseta extra por si te mojas en el río).
Sí, hay una sesión completa de seguridad antes de empezar y un guía experto local lidera la ruta.
Debes tener al menos 18 años y un carnet de conducir válido (se acepta copia digital).
Sí, los bebés y niños pequeños pueden ir en carrito o silla especial para bebés.
Sí, todas las zonas y caminos son accesibles para silla de ruedas.
El recorrido dura aproximadamente 2 horas.
Usa ropa cómoda que no te importe ensuciar; se proporcionan gafas y pañuelos.
No, el punto de encuentro es en Mijas, no hay recogida en hoteles.
Sí, cada participante recibe una botella de agua para el recorrido.
Tu día incluye el uso de un buggy off-road premium de 2 o 4 plazas, gafas de seguridad y pañuelos para todos, además de agua embotellada durante la ruta. Un guía local experto te acompañará por los senderos de montaña tras una sesión de seguridad antes de comenzar juntos la aventura en la Sierra de Mijas.
Hay un momento justo cuando te pones las gafas y el pañuelo huele a mezcla de jabón y polvo, que te das cuenta de que sí, vas a conducir un buggy por la Sierra de Mijas. Nuestro guía Paco nos hizo un repaso rápido (se rió de mi foto del carnet, con razón), y arrancamos. El motor levantaba nubecillas de polvo detrás, y casi podía saborear la tierra seca en el aire. Es más ruidoso de lo que esperaba, pero de esa manera que te hace sonreír sin razón.
Los caminos serpentean por las colinas cerca de Mijas Pueblo, pasando por olivares y unas florecillas silvestres que se asoman entre las piedras. Cruzamos un río poco profundo —el agua estaba tan fría que pegué un pequeño grito— y Paco se reía desde su buggy adelante. Señaló un campo de golf abajo; desde donde paramos parecía diminuto. Una brisa traía un aroma herbal, ¿tomillo quizás? O simplemente el aire de la montaña haciendo lo suyo.
Intenté preguntarle a Paco cómo se llamaba esa montaña (mi español es un desastre), y me respondió con paciencia, pero no logré pronunciarlo bien. Se encogió de hombros y dijo “Llámala casa”. Eso se me quedó grabado. De vuelta, las manos me vibraban de apretar el volante —no quería que terminara todavía. Si alguna vez te has preguntado cómo es la Costa del Sol lejos del bullicio de las playas… esto es. Sigo pensando en esa vista sobre el valle.

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