Saldrás en silencio desde Puerto Calero, Lanzarote, en un catamarán eléctrico para un avistamiento íntimo de ballenas y delfines en grupo pequeño. Escucha sus sonidos bajo el agua con hidrófono, disfruta fruta fresca y snacks locales mientras navegas y conecta con estos animales en su hábitat.
El tour dura entre tres y cuatro horas ida y vuelta desde Puerto Calero.
Sí, incluye fruta fresca, snacks locales, agua, refrescos y bebidas orgánicas durante el recorrido.
El máximo es de 12 personas por tour para garantizar espacio y comodidad.
El barco parte desde el puerto deportivo de Puerto Calero en Lanzarote.
Sí, con el hidrófono puedes escuchar en vivo los sonidos de los cetáceos durante el tour.
Sí, es adecuado para cualquier nivel de condición física.
Sí, los animales de servicio están permitidos en este tour en catamarán.
El día incluye recogida en el puerto deportivo de Puerto Calero antes de embarcar en un catamarán totalmente eléctrico para un recorrido de tres a cuatro horas en el mar. Durante el paseo disfrutarás de fruta fresca, agua, refrescos orgánicos o sodas y snacks locales mientras observas ballenas y delfines con tu guía, todo en un grupo pequeño antes de regresar al puerto.
No esperaba que fuera tan silencioso. Siempre pensé que los barcos hacen ruido, pero al salir de Puerto Calero en este catamarán eléctrico, solo estábamos el mar y nosotros. Sin el motor rugiendo, solo el chapoteo del agua contra el casco y esa brisa salada. Nuestra guía, Carmen, sonrió al ver mi cara. “Al principio es raro,” dijo. Tenía razón — parecía casi como si estuviéramos deslizándonos en secreto, sin asustar a nadie.
Navegamos un rato hasta que alguien vio movimiento. Alguien señaló — ¡ahí! Delfines, sus lomos brillantes y rápidos bajo el sol. Podía oír su respiración; ese suave soplido sonaba más cerca de lo que imaginaba. Carmen repartió rodajas de fruta fresca (el mango estaba delicioso) y preparó el hidrófono para que pudiéramos escuchar bajo el agua. Los sonidos eran increíbles — clics y silbidos resonando en los altavoces. Intenté grabarlo en mi móvil pero solo capté ruido del viento y mis risas.
Éramos pocos — ¿unos diez? Había espacio para asomarse por la barandilla o simplemente relajarse con una bebida fría (tenían unos refrescos orgánicos que nunca había probado). En un momento, una niña preguntó si las ballenas cantan aquí; Carmen explicó que suelen ser más silenciosas cerca de Lanzarote, pero a veces hay suerte. Nos contó sobre los esfuerzos locales para proteger estas aguas y a los cetáceos — algo en lo que no había pensado mucho antes.
De regreso, alguien empezó a pasar snacks locales — pequeñas galletas saladas y aceitunas que sabían mejor de lo que parecían. El sol ya estaba más alto pero no hacía calor, solo ese calor seco típico de Canarias en la piel. Todavía recuerdo ese instante en que todos nos quedamos callados escuchando esas voces bajo el agua, como si estuviéramos espiando otro mundo. A veces viajar es ruido y movimiento; este paseo fue distinto, especial.

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