Baja en bici de Cretas a Xerta con una guía local, cruzando bosques, túneles llenos de risas y naranjos perfumados por el sol. Incluye traslados, bicicletas con casco y luces, y recogida al final — solo trae ganas de aventura (y quizá un bañador).
Tu viaje incluye transporte privado entre pueblos, bicicletas equipadas con casco y linternas para túneles (más repuestos), candado para paradas seguras, recogida en furgoneta en Estación de Prat del Compte al acabar, mapa para explorar por libre si quieres, pulseras con descuentos (que casi olvido mencionar), todos los impuestos incluidos — y si llevas niños o mascotas, cuentan con asientos especiales o carritos preparados.
Las valoraciones vienen de viajeros que reservaron esta misma experiencia. No las editamos ni filtramos.
Leer todas las reseñas ›La misma experiencia con otros operadores: compara precio, valoración y duración.
Cretas a Xerta: Ruta en bici con paisajes, traslado y recogidaEstás aquí★ 4.94 (89)6h€ 35
Aragón: Ruta en bici de 27 km por la Via Verde Cretes-Pinell y Parque NaturalRecorre 27 km en bici por el Parque Natural de los Puertos de Beceite, con casco y recogida en furgoneta desde Cretas. Túneles, viñedos y bosques. Ideal para mayores de 6 años.★ 4.89 (121)5h€ 30Ver ›
Murillo de Gállego: Aventura de rafting en el río Gallego con guías localesSiente la emoción del rafting en el río Gallego cerca de Murillo de Gállego, rodeado por los impresionantes Mallos de Riglos y acompañado por guías locales. Equipo incluido.★ 4.95 (150)3h€ 49Ver › Para ser sincero, casi pierdo el inicio porque no encontraba mi casco en la furgoneta (estaba debajo del asiento, típico). Nuestra guía, Marta, solo sonrió y dijo que pasa todas las semanas. El aire en Cretas esa mañana estaba fresco, con un toque de romero que picaba un poco. Empezamos un poco tambaleantes — hacía meses que no montaba en bici — pero la carretera bajaba suave y de repente todo se volvió fácil. Se veían los Puertos de Beceite al frente, esos acantilados claros y luego filas ordenadas de olivos y almendros. Es curioso lo silencioso que se pone todo al alejarse del pueblo; solo el ruido de las ruedas en la grava y alguna risa que se pierde detrás de mí.
Alrededor de veinte minutos después llegamos al primer túnel. Marta repartió linternas (“¡No las dejéis caer, que la semana pasada alguien lo hizo!”) y todos las encendimos. Dentro estaba húmedo y olía a piedra mojada, casi frío como para estremecerse aunque afuera ya iba calentando rápido. Intenté cantar, pero mi voz rebotaba raro en las paredes y lo dejé a mitad de camino. Luego cruzamos puentes sobre pequeños barrancos — uno tenía una vista directa a un enredo verde donde se oía agua abajo, pero no se veía. La bajada es real: casi todo el día de Cretas a Xerta es cuesta abajo o llano, así que no hace falta ser un pro del ciclismo.
Después de comer (nos sentamos a comer bocadillos al lado del camino), entramos en el valle del Ebro. De repente, naranjos por todas partes, sus flores dulces bajo el sol — me paré solo para oler uno, me quedé atrás pero valió la pena. Un par de niños del pueblo saludaron desde su granja; uno gritó algo de “bicis locas” que hizo reír tanto a Marta que casi se le cae el mapa.
El último tramo hacia Xerta se sintió a la vez largo y corto — piernas cansadas pero la mente llena de esa sensación de espacio abierto. La furgoneta nos esperaba en la estación (el aire acondicionado nunca se había sentido tan bien). Sigo pensando en esos túneles y lo pequeños que me hicieron sentir por un momento. A veces necesitas ese cambio de perspectiva, ¿verdad?
Pago seguro en Viator

¿Necesitas ayuda para planear tu próxima actividad?