Recorre playas salvajes de la Patagonia en 4x4 desde Puerto Madryn, para en Punta Cuevas para fotos, observa lobos marinos en Punta Loma con ayuda del guía, y termina con un café o té en una playa desierta. Aire salado, historias locales y sorpresas te esperan.
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La primera parada fue Punta Cuevas para mirar la ciudad desde lejos—Javier la llamó “el borde de los comienzos”, y tiene sentido porque ahí ves cómo todo se abre hacia el infinito. Lo mejor fue tomar esos caminos escondidos junto al mar (yo nunca los habría encontrado solo) hasta playas vacías donde bajamos, estiramos las piernas y tratamos de capturar en fotos esa luz rara sobre el agua. A veces solo te quedas parado dejando que el viento te golpee la cara—te despierta de una manera buena.
Después fuimos a la Reserva Punta Loma. La entrada se paga digitalmente (Javier nos ayudó a entender cómo—los pesos argentinos pueden confundir), y luego caminamos por un sendero polvoriento hasta donde los lobos marinos se tiran al sol como viejos tomando sol. El aire olía fuerte a mar y algo más—a pescado pero sin ser desagradable. Intenté identificar plantas en el recorrido interpretativo, pero la verdad no tenía ni idea; Javier se rió cuando dije “cactus patagónico” señalando un arbusto que claramente no lo era.
La última playa fue casi demasiado tranquila después de tanto movimiento. Alguien sirvió café de un termo gastado mientras estábamos sentados en la arena, botas afuera, viendo gaviotas picotear algo brillante cerca de la orilla. Es curioso cómo los desconocidos empiezan a contar historias cuando no hay más que hacer que tomar algo y mirar las olas entrar. A veces sigo pensando en esa vista—nada lujoso, solo espacio abierto y el tiempo desacelerando un poco.
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