Sal de tu hotel en Phuket y súbete a un coche o furgoneta privada con aire acondicionado y un conductor local que conoce todos los atajos hasta el Aeropuerto Internacional de Phuket. Disfruta de un traslado puerta a puerta sin sorpresas, con ayuda con el equipaje y un último viaje cómodo antes de despedirte de la isla.
Tu traslado incluye transporte privado en coche o furgoneta con aire acondicionado, recogida en el vestíbulo de tu hotel por un conductor local autorizado; todos los impuestos y combustible están incluidos para que no tengas que pagar nada extra antes de llegar directamente al Aeropuerto Internacional de Phuket.
Las valoraciones vienen de viajeros que reservaron esta misma experiencia. No las editamos ni filtramos.
Leer todas las reseñas ›Rodábamos las maletas por el vestíbulo antes del amanecer, aún medio dormidos y pegajosos por el aire tropical. Nuestro conductor—creo que se llamaba Sr. Somchai—ya nos esperaba cerca de la entrada, sosteniendo un cartel con mi nombre (siempre me da un pequeño subidón verlo, como si fuera alguien importante). Nos saludó con un asentimiento tranquilo y una sonrisa rápida mientras nos ayudaba con las maletas. La furgoneta estaba fresca por dentro, casi demasiado fría después del pasillo húmedo, pero la verdad es que se agradecía tras días de calor.
Vi cómo las calles de Phuket pasaban despacio—las tiendas apenas abriendo, un par de perros callejeros estirándose en la acera. Hubo un momento en que pasamos junto a un puesto que freía algo que olía a ajo y masa dulce a las 6 de la mañana; casi le pedí al conductor que paráramos para probarlo, pero pensé que en el aeropuerto no les haría gracia. El Sr. Somchai no hablaba mucho a menos que le preguntáramos (lo que me gustó), pero nos señaló un atajo cuando el tráfico empezó a acumularse cerca de Patong. Parecía conocer cada callejón de la zona.
El trayecto duró casi una hora desde nuestro hotel en Kata Beach hasta el Aeropuerto Internacional de Phuket, quizá un poco menos porque era temprano y el tráfico no estaba pesado. Hay algo extrañamente tranquilo en ver pasar las palmeras mientras te alejas de un lugar que ya has aprendido a querer. Mi pareja se quedó dormida casi todo el camino—yo me quedé mirando por la ventana, intentando grabar en la memoria los colores de la mañana aquí. Cuando llegamos a Salidas, el Sr. Somchai bajó nuestras maletas y nos deseó buen viaje en inglés (y luego en tailandés). A veces sigo recordando ese viaje silencioso, lo fácil que hizo la despedida—aunque en realidad no quería irme.
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