Camina entre cóndores, llamas y osos de anteojos rescatados en el Santuario Animal Cochahuasi cerca de Cusco. Un guía local comparte historias de cada animal—algunas divertidas, otras duras—y te acercarás más de lo que imaginas. Prepárate para reír, emocionarte y tener tiempo para preguntar o simplemente observar en silencio.
Tu entrada incluye el acceso al Santuario Animal Cochahuasi y una caminata guiada con un experto local que compartirá historias de cada animal rescatado durante el recorrido.
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Leer todas las reseñas ›Con las manos en los bolsillos, nuestro guía Marco se detuvo frente al recinto de los cóndores y esperó a que nos fijáramos. Lo primero que noté fue el olor, algo a tierra mojada, un poco fuerte, como heno después de la lluvia. Luego una sombra enorme pasó por encima, y caí en cuenta de lo cerca que estábamos de esas aves. Marco sonrió cuando me sobresalté. “Son curiosos,” dijo, “pero nunca olvidan una cara.” No sé si eso tranquiliza o asusta.
Recorrimos los corrales, pasando junto a llamas que masticaban en silencio (una me miró fijo por un buen rato), y luego llegamos al oso de anteojos—ella dormía con las patas en alto, como un perro soñando. Marco nos contó que la mayoría de los animales en el Santuario Cochahuasi no pueden volver a la naturaleza por heridas o porque fueron criados como mascotas. Señaló una cicatriz en la pata de un puma, pero no lo hizo triste, sino real. Es curioso cómo en solo una hora empiezas a encariñarte con ellos.
Intenté decir “alpaca” en español y lo dije mal; uno de los cuidadores se rió y me corrigió con cariño (“al-PA-ca!”). El sol se movía entre las nubes, a veces daba frío, a veces calor en el cuello. Se escucha un murmullo tranquilo desde el valle abajo—difícil de explicar si no has estado ahí. Nos fuimos con los zapatos embarrados y muchas cosas en la cabeza, la verdad.
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