Saldrás del aeropuerto de Los Cabos directo al aire cálido y encontrarás a tu conductor esperándote (aunque tu vuelo se retrase), con bebidas frías y consejos locales para disfrutar Cabo San Lucas. El viaje es sencillo: maletas atendidas, historias compartidas y llegas directo a la puerta de tu hotel. No es solo un traslado, es el comienzo suave de tu aventura.
Tu conductor estará afuera del terminal con un cartel de paddleboard que coincide con el que recibiste por correo.
El servicio monitorea todos los vuelos y te esperarán sin importar la hora de llegada.
Sí, al subir al vehículo te ofrecerán bebidas refrescantes.
Sí, la recogida en el aeropuerto está incluida en este servicio privado.
Los bebés pueden ir en el regazo de un adulto o en asientos especiales; los animales de servicio están permitidos.
El trayecto suele tomar unos 40 minutos, según el tráfico.
Sí, el personal te ayuda con las maletas apenas los encuentras afuera del terminal.
Tu experiencia incluye transporte privado desde el aeropuerto de Los Cabos hasta tu resort en Cabo San Lucas, asistencia con el equipaje al recogerte, bebidas disponibles en el auto y atención de personal local que monitorea tu vuelo para cualquier retraso y te recibe en la salida.
Lo primero que me pasó fue que pasé de largo al tipo que sostenía el cartel con la tabla de paddleboard. Culpo al cansancio (y tal vez a la emoción). Él me vio, me saludó con una sonrisa como si esto ya le hubiera pasado antes. Sin juzgar, solo una risa rápida y luego me ayudó con la maleta, que había perdido una rueda en algún punto entre Houston y aquí. El aire afuera del aeropuerto de Los Cabos era cálido y denso, con ese aroma salino que solo se siente cerca del mar.
No esperaba que todo fuera tan sencillo después del caos del aeropuerto. Nuestro conductor, Javier, me entregó una botella de agua fría (había otras bebidas también) y me señaló dónde encontrar los mejores tacos en Cabo San Lucas, no los turísticos, sino sus favoritos de verdad. Se aseguró varias veces de que estuviéramos cómodos durante el camino; recuerdo la mezcla de la radio en español con risas que salían de su teléfono en altavoz: su primo llamando para coordinar la cena. Fue un trato muy personal para un traslado de aeropuerto.
El viaje dura unos 40 minutos, pero se pasó rápido con todas las historias que Javier compartió, como por qué algunos resorts tienen esos arcos gigantes o cómo los locales reconocen a los turistas por sus quemaduras de sol. En un momento bajó la velocidad para que pudiéramos ver el mar entre las palmeras. A veces todavía recuerdo esa vista cuando escucho gaviotas en casa. Cuando finalmente llegamos al lobby del hotel, no sentí que me dejaban, sino que me daban la bienvenida a un lugar nuevo.

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