Camina dentro de cuevas de hielo azul cerca de la laguna Jökulsárlón, recorre senderos detrás de cascadas rugientes como Seljalandsfoss y observa géiseres en erupción en el Círculo Dorado. Prepárate para dedos helados en playas de arena negra y risas cálidas persiguiendo auroras con nuevos amigos — este viaje es más sobre sentir la naturaleza salvaje de Islandia que sacar la foto perfecta.
Aún me río al recordar cómo mis botas se hundían en la nieve derretida en la laguna glaciar Jökulsárlón — era temprano, hacía más frío de lo que esperaba y apenas había dormido cinco horas. Pero entonces nuestro guía Jón me entregó un casco y dijo: “¿Listo para el super jeep?” Ahí caí en cuenta: esto no era un tour cualquiera. El camino hacia la cueva de hielo azul fue movido (casi pierdo el gorro por la ventana), pero entrar en esa cueva — de verdad, nunca había visto una luz así. Todo brillaba en azul y silencio, salvo el crujir de nuestros pasos sobre el hielo antiguo. Jón nos contó que estas cuevas cambian cada año; sonaba orgulloso, pero también un poco triste por lo rápido que se está derritiendo todo.
El día anterior, estuvimos en la playa Reynisfjara viendo cómo las olas del Atlántico golpeaban esas columnas de basalto negro. Intenté sacar una foto pero tenía los dedos congelados — el viento islandés no es broma. Alguien del grupo intentó pronunciar “Eyjafjallajökull” y el conductor solo sonrió negando con la cabeza. Caminamos detrás de la cascada Seljalandsfoss (lleva chubasquero, créeme) y sentí el rocío hasta los huesos. Más tarde, en Gullfoss, hubo un momento en que la luz del sol tocó la bruma justo en el ángulo perfecto y todos guardamos silencio por un instante. Es curioso lo ruidoso que puede ser el agua hasta que solo escuchas tu propia respiración.
Snæfellsnes fue distinto — más suave, de alguna forma. Las focas descansando en la playa Ytri-Tunga nos miraban como si interrumpiéramos su siesta. En el monte Kirkjufell, la gente no paraba de mencionar Juego de Tronos (yo no la he visto), pero a mí me interesaban más las formas extrañas que hacían las nubes sobre la cima. Nuestro guía contó historias de trolls y pescadores que probaban su fuerza con piedras antiguas; la mitad parecía inventada, pero quería creerlo todo de todas formas.
Las noches eran para perseguir auroras boreales — o al menos intentarlo. Una noche estábamos fuera del hotel en el sur de Islandia temblando juntos bajo un cielo que nos tentaba con destellos verdes. Alguien sacó chocolate del bolsillo (sabía un poco a mochila). Aunque no vimos muchas auroras, había algo especial en estar ahí con desconocidos que se volvieron amigos. Cuatro días después, mis zapatos aún olían a azufre de Geysir, pero lo haría todo de nuevo mañana mismo.
Es un tour de 4 días que comienza y termina en Reykjavík.
Sí, incluye recogida y regreso en paradas designadas de autobús en Reykjavík.
Sí, Jökulsárlón es una de las paradas principales del día 4.
Sí, harás una caminata guiada por el glaciar en la zona de Skaftafell con todo el equipo de seguridad.
Si las condiciones lo permiten, tendrás oportunidades para ver auroras por la noche.
Te alojarás tres noches en hoteles cómodos de 3 estrellas a lo largo de la ruta.
No se incluyen comidas; se recomienda comprar tu propia comida durante el recorrido.
Sí, los guías certificados lideran todas las excursiones a cuevas de hielo y glaciares con el equipo adecuado.
El tour incluye recogida en minibús desde Reykjavík, tres noches en hoteles de 3 estrellas en el sur de Islandia y Snæfellsnes, todas las actividades guiadas incluyendo el traslado en super jeep a una cueva de hielo azul cerca de Jökulsárlón con cascos y crampones para tu seguridad, además de Wi-Fi a bordo (y buena música islandesa si pides con amabilidad). Tendrás tiempo suficiente en cada parada — cascadas como Skógafoss y Gullfoss, playas de arena negra como Reynisfjara — antes de regresar a Reykjavík tras cuatro días que aún parecen un sueño.


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