Tomarás un taxi acuático desde el Puerto Viejo de Santorini directo a Oia, evitando las multitudes y los teleféricos. Tendrás tiempo para pasear por sus calles de mármol o relajarte con un almuerzo antes de volver en coche, con una parada rápida para fotos en las icónicas cúpulas azules de Firostefani, terminando el día en el centro de Fira. Una experiencia tranquila y cercana.
Este traslado incluye taxi acuático desde el Puerto Viejo directamente a la Bahía de Amoudi, cerca de Oia, y luego traslado en vehículo hasta el pueblo de Oia.
Sí, dispones de todo el tiempo que quieras para explorar Oia antes de regresar; los shuttles salen cada hora hacia Fira.
El tour comienza en el Puerto Viejo de Santorini; los guías te estarán esperando con un cartel con tu nombre al desembarcar en el barco auxiliar.
El traslado finaliza con la bajada en el centro de Fira, justo frente a McDonald’s.
Sí, se hace una breve parada en las Tres Campanas de Firostefani para tomar fotos con vistas a la caldera.
Sí, los bebés y niños pequeños pueden viajar en cochecitos o carriolas; hay asientos especiales para bebés si es necesario.
Incluye agua embotellada, horarios flexibles de shuttle de regreso desde Oia cada hora, vehículo con aire acondicionado para el retorno de Oia a Fira y transporte en taxi acuático desde el Puerto Viejo.
El tour es apto para la mayoría, pero no se recomienda para personas con problemas cardiovasculares debido a las caminatas y escaleras en Oia.
Tu día incluye agua embotellada a bordo, shuttles de regreso desde Oia a Fira cada hora para que puedas quedarte el tiempo que quieras, traslados en vehículo con aire acondicionado para mayor comodidad aunque haga calor, y transporte en taxi acuático directo desde el Puerto Viejo de Santorini hasta la Bahía de Amoudi bajo Oia, antes de regresar por carretera — todo organizado para que no tengas que preocuparte por nada.
Con las manos agarradas al pasamanos, vi cómo el Puerto Viejo de Santorini quedaba atrás. El motor del barco sonaba más fuerte de lo que esperaba, pero encajaba perfecto: viento en el pelo, sal en el aire y esa primera panorámica completa de la caldera justo frente a mí. Nuestro guía, Nikos, señalaba dónde hizo erupción el volcán hace siglos; lo contaba como si fuera la historia de siempre, pero con la misma emoción. Intenté sacar una foto, pero terminé solo mirando — ya sabes que hay vistas que no caben en la pantalla del móvil.
Atracamos en la Bahía de Amoudi, con sus acantilados rojos y pequeñas tabernas que olían a pulpo a la parrilla. Hubo un momento en que nadie sabía muy bien por dónde ir (me gustó, se sentía menos turístico), pero Nikos nos llamó y nos organizó para subir al minibús hacia el pueblo de Oia. El camino fue corto pero lleno de curvas; se oía el traqueteo de una maleta cada vez que pasábamos un bache. Cuando finalmente pisamos las calles de mármol de Oia, había bastante gente pero sin agobios — la luz rebotaba en las paredes blancas y las cúpulas azules asomaban entre los tejados. Paseé por tiendas con joyas que no podía permitirme y acabé en una cafetería, tomando un café frío mientras un señor mayor jugaba al backgammon a la sombra.
Perdí la noción del tiempo (los shuttles de regreso salen cada hora, así que no hay prisa). En un momento intenté decir “gracias” en griego — ¿Efcharistó? — y la mujer de la panadería me sonrió de oreja a oreja, aunque seguro que lo dije fatal. De vuelta hacia Fira, paramos en esa iglesia famosa con tres cúpulas azules en Firostefani — de verdad, se ve aún más increíble que en las postales. Todos nos turnamos para hacer fotos; a alguien se le voló el sombrero y nos echamos a reír. Luego fue un viaje tranquilo hasta Fira, donde Nikos nos dejó justo frente a McDonald’s (que, para ser honestos, se agradece cuando estás cansado). A veces todavía recuerdo ese paseo en barco sobre la caldera.

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