En esta clase en Atenas, cortarás, mezclarás y reirás mientras preparas recetas griegas clásicas con un chef local—tzatziki, empanada de espinacas, musaka auténtico—todo con la Acrópolis de fondo. Clases prácticas, historias en la mesa y sabores que querrás repetir en casa.
Prepararás tzatziki, ensalada del Egeo, empanada de espinacas con hierbas y queso feta, musaka griego auténtico y galatopita (tarta de crema).
Sí, la reserva incluye almuerzo o cena con los cinco platos que cocinas durante la clase.
Sí, cocinarás y comerás con vistas directas a la Acrópolis desde la cocina de The Artist Athens.
La clase la dirige un chef local profesional que te guía paso a paso en cada receta.
Se permiten bebés y niños pequeños; se aceptan cochecitos, pero los bebés deben estar en el regazo de un adulto durante la actividad.
El menú consta de cinco platos: tzatziki, ensalada del Egeo, empanada de espinacas con hierbas y feta, musaka auténtico y galatopita.
La clase se lleva a cabo en The Artist Athens, ubicado en el centro de Atenas.
Tu día incluye clases prácticas con un chef local profesional en la cocina de The Artist Athens con vistas a la Acrópolis. Tras preparar cinco platos tradicionales en grupo, disfrutarás de un almuerzo o cena con todo lo que cocinaste antes de salir a explorar la ciudad.
Al entrar, alguien ya está cortando pepinos—sus manos rápidas, el aroma fresco y verde, casi como hierba. Nuestra guía, Sofía, nos llama con una sonrisa manchada de harina. “No llegan tarde,” dice (aunque sí lo estamos), y enseguida nos muestra cómo aplastar el ajo para el tzatziki sin que amargue. Pero yo sigo pensando en la vista—la Acrópolis está ahí, justo afuera de la ventana, como si estuviera escuchando nuestro caos en la cocina.
Jamás imaginé que la empanada de espinacas diera tanto trabajo. El queso feta se desmenuza por todas partes, la masa se me pega en los dedos. Sofía se ríe cuando intento pronunciar “spanakopita” bien—me corrige dos veces y luego se encoge de hombros diciendo que suena “muy internacional”. Hay una calidez sencilla entre todos; alguien más bate huevos para la galatopita mientras tararea suave. El aire huele a hierbas y a algo dulce horneándose—¿será la tarta de crema? Difícil saber con el chisporroteo de la sartén de musaka.
El almuerzo se arma despacio, cinco platos alineados en vajilla variada. Comemos en una mesa larga mirando la ciudad—el tzatziki frío junto al pan tibio, la ensalada fresca con limón. No sabía que estos sabores se disfrutan mucho más cuando los haces tú mismo, rodeado de desconocidos que de repente parecen amigos. Incluso semanas después, recuerdo ese primer bocado de musaka y cómo el sol iluminaba la Acrópolis justo detrás de Sofía. Sentí que habíamos tomado prestado un pedacito de Atenas para nosotros.
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