Sentirás cómo se acelera el pulso al despegar sobre Maui, volando junto al borde del cráter de Haleakala y adentrándote en el verde enmarañado de la selva de Hana. Escucha historias de tu piloto local, descubre cascadas ocultas y observa cómo la luz juega en la costa bajo tus pies. Este tour en helicóptero de 45 minutos incluye narración y un check-in fácil en el heliopuerto de Kahului, pero serán esos momentos fugaces sobre el este de Maui los que recordarás para siempre.
El vuelo dura aproximadamente 45 minutos.
Los tours salen desde el heliopuerto de Kahului en Maui.
No, no incluye traslado; los pasajeros deben hacer check-in directamente en el heliopuerto.
Los bebés menores de 24 meses pueden ir en el regazo de un adulto; mayores de 24 meses necesitan asiento propio.
Se recomienda ropa oscura para evitar reflejos en las ventanas al tomar fotos.
Sí, sobrevolarás la selva del este de Maui con vistas a cascadas y la costa cerca de Hana.
Sí, el piloto local ofrece narración experta durante todo el vuelo.
No se permiten bolsas a bordo, incluyendo bolsos o mochilas.
Tu experiencia incluye un vuelo en helicóptero de 45 minutos en cabina compartida sobre la selva del este de Maui, las cascadas cerca de Hana y el cráter de Haleakala. Contarás con la narración experta de un piloto local durante todo el recorrido y un check-in sencillo en el heliopuerto de Kahului antes del despegue—solo recuerda pagar el estacionamiento con tarjeta al llegar.
La mañana no empezó como imaginaba — casi me paso la entrada al heliopuerto de Kahului porque mi teléfono decidió cambiar la ruta en el último momento (clásico). Para cuando aparqué, el corazón ya me latía a mil, pero el personal me sonrió y me dio un cordón como si eso pasara todos los días. Nuestro piloto, Kaleo, tenía esa calma típica de Maui — bromeó sobre cómo el viento puede “jugarte malas pasadas” cerca de Haleakala. Me cayó bien al instante.
En cuanto despegamos, solo se oían las hélices y esa sensación rara en el estómago — ya sabes, como cuando el ascensor se desploma de golpe. El cristal curvado nos rodeaba y podías ver todo: el borde rojizo del cráter de Haleakala, casi irreal entre las nubes, y luego, de repente, verde por todos lados al acercarnos a Hana. Kaleo señalaba cascadas escondidas entre la selva (“esa solo se ve después de mucha lluvia”, dijo), y te juro que hasta desde aquí arriba se olía la tierra mojada. Alguien detrás de mí soltó un suspiro cuando sobrevolamos un valle — no sé si era miedo, asombro o las dos cosas.
Intenté sacar fotos pero la mayoría salieron con reflejos de mi cara (debería haber hecho caso y llevar ropa oscura). En un momento, Kaleo nos contó una historia sobre su abuela caminando por estos valles antes de que existieran caminos; su voz se volvió más suave por un instante. Eso me llegó más que cualquier foto. La costa cerca de Hana se veía salvaje, con olas rompiendo contra rocas negras — me hizo imaginar cómo sería aterrizar ahí abajo y desaparecer un rato.
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