Subirás a un barco en el puerto de Ciutadella al caer la tarde, disfrutando de una copa de cava mientras navegas junto a acantilados y cuevas en la costa oeste de Menorca. Con tu asiento reservado de antemano, te relajarás mientras una guía local comparte historias sobre lugares como el Pont d’en Gil. Un paseo al atardecer tranquilo y mágico que te hará recordar esa luz dorada por días.
El tour dura aproximadamente 2 horas en total.
Sí, incluye una copa de cava español.
Sí, los asientos se asignan por adelantado y puedes elegir el tuyo al reservar online.
El barco parte desde el puerto viejo de Ciutadella, en la costa oeste de Menorca.
Pasarás por la Catedral de Ciutadella, el faro de Cala’n Bosch y el arco natural de piedra Pont d’en Gil.
Puedes usar una audioguía multilingüe en tu móvil con contenido exclusivo durante el paseo.
Sí, los bebés son bienvenidos pero deben ir en el regazo de un adulto por seguridad.
Si el clima cancela el tour, te ofrecerán otra fecha o ruta, o un reembolso completo.
Tu tarde incluye embarque en el puerto de Ciutadella con asiento reservado, todos los impuestos y tasas incluidos, seguro para tu tranquilidad y una copa de cava mientras navegas por la costa más emblemática de Menorca antes de regresar tras el atardecer.
Casi pierdo el barco—literalmente—porque no encontraba el muelle correcto en el puerto viejo de Ciutadella. Un local me señaló las escaleras junto al agua, sonriendo como si esto le pasara a menudo. El aire olía a sal y protector solar, y se escuchaba una playlist mezclada con el graznido de las gaviotas. Ya a bordo, me dejé caer en mi asiento asignado (lo eliges al reservar, y es una satisfacción rara pero real) intentando no parecer turista. Spoiler: no lo logré.
Nuestra guía, Marta, cambiaba sin esfuerzo entre español, inglés y francés. Señaló la catedral mientras navegábamos—su piedra brillaba como miel con la luz del atardecer—y nos contó sobre los antiguos barcos mercantes que anclaban aquí. El mar estaba tranquilo, pero se oía un murmullo de charlas y el tintinear de copas al repartir el cava. Tenía un sabor fresco y burbujeante que me cosquilleaba la nariz mientras veía los acantilados dorarse y teñirse de rosa en la costa oeste de Menorca.
No esperaba que Pont d’en Gil fuera tan… tranquilo. Todos nos quedamos en silencio al llegar a ese arco de piedra—solo se oían clics de cámaras y alguien susurrando “wow” en alemán detrás de mí. De regreso, navegamos despacio para que todos pudieran capturar su foto perfecta del atardecer (yo lo intenté, pero me temblaban las manos). Hubo un momento en que parecía que nadie quería hablar, solo contemplar cómo el sol se hundía en el mar. Esa sensación se quedó conmigo mucho más tiempo del que imaginé.

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