Surca el Mar Rojo en lancha rápida privada desde Sharm el Sheikh con tu propio capitán, haciendo snorkel en Dolphin House o Paradise Island. Incluye equipo, recogida en hotel y bebida fría tras nadar. Aire salado, sonrisas locales y esas aguas azules que no olvidas.
El tour dura aproximadamente 2 horas.
Sí, el equipo de snorkel y los traslados desde el hotel están incluidos.
Puedes elegir entre la zona Dolphin House o Paradise Island (también conocida como Orange Bay).
Los bebés y niños pequeños pueden viajar en cochecito o carrito durante los traslados.
No incluye almuerzo, pero recibirás una bebida refrescante al final del recorrido.
Un guía de Falcon Tours te acompañará durante toda la experiencia.
No, no se recomienda para viajeros con lesiones en la columna vertebral.
Trae tu bañador, toalla, protector solar y lo que necesites para estar cómodo; el equipo de snorkel está incluido.
Tu día incluye recogida y regreso al hotel en Sharm el Sheikh, uso del equipo de snorkel en el lugar elegido (Dolphin House o Paradise Island), acompañamiento de un guía de Falcon Tours durante todo el tour y una bebida refrescante para terminar antes de volver a tierra.
Aún recuerdo lo tranquilo que estaba el puerto antes de zarpar — solo unas gaviotas y el sonido del agua golpeando el muelle. Nuestro capitán, Mahmoud, sonrió mientras nos entregaba las máscaras de snorkel. “¿Quieren Dolphin House o Paradise?” preguntó. Nos encogimos de hombros y reímos porque, la verdad, cualquiera sonaba genial. El Mar Rojo tenía ese azul intenso que solo había visto en postales. Cuando el motor arrancó, casi se me vuela el sombrero — va rápido, pero sin asustar, si me entiendes.
El viento levantaba la brisa salada y por un momento pensé si mi móvil aguantaría (aguantó). Mahmoud señaló a unos pescadores saludando desde sus barcas — les gritó algo en árabe y ellos respondieron con la mano. Es curioso cómo, incluso en un tour privado en lancha, te sientes parte de todo lo que rodea Sharm el Sheikh; siempre hay alguien sonriendo o saludando. Anclamos cerca de Paradise Island, y de repente todo quedó en silencio, salvo el tintinear del ancla y el suave chapoteo al meternos al agua.
El coral aquí es una locura — tantos colores que me olvidaba de respirar bien por el snorkel. Pececillos curiosos pasaban rozando mis manos, o tal vez molestos por nuestra presencia. Bajo el agua, hubo un momento de calma total, solo mis burbujas rompiendo el silencio — no esperaba sentirme tan tranquilo ahí. De vuelta en la lancha, Mahmoud nos ofreció refrescos y nos contó su lugar favorito para comer pescado a la parrilla en la ciudad (ojalá lo hubiera apuntado). El sol ya empezaba a bajar cuando regresamos a la costa de Sharm, con la sal secándose en la piel y el pelo alborotado por el viento.

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