Recorrerás el barrio Jordaan de Amsterdam en grupo pequeño, probando tarta de manzana casera en un café tradicional, quesos en tiendas boutique, arenque o satay en mercados locales, y disfrutando vino en un íntimo speakeasy. Risas con el guía y momentos que se quedan mucho después de dejar las calles empedradas atrás.
Confieso que reservé este tour gastronómico de lujo en Amsterdam más por curiosidad — siempre había escuchado que la cocina holandesa era solo patatas fritas con mayonesa, pero seguro que había algo más, ¿no? La mañana empezó con una mezcla de emoción y ese “¿en qué me he metido?”. Nuestro guía, Pieter, nos esperaba cerca de los canales del Jordaan — tenía esa facilidad para conectar, como si conociera a todo el mundo en Amsterdam desde siempre (y resulta que casi es así). Entramos en un café marrón donde el aroma a café y manzana caliente nos envolvió. Ese primer bocado de tarta de manzana casera… nada empalagoso, con un toque de canela — todavía me viene a la mente.
Éramos un grupo pequeño (solo ocho), así que se sentía más como pasear con amigos que un tour típico. Mientras caminábamos entre bicicletas y casas flotantes junto al canal, Pieter señalaba antiguos carteles de tiendas y contaba historias de la época de comercio de la ciudad — por ejemplo, un edificio que antes almacenaba granos de cacao y donde aún se percibe un leve aroma a chocolate si te acercas (lo intenté; creo que mi olfato no es tan bueno como el suyo). En el mercado de Lindengracht probamos satay indonesio — brochetas de pollo ahumado con salsa de cacahuete que me dejaron los dedos pegajosos. Li se rió cuando intenté decir “sambal” en mandarín — seguro que lo dije fatal. Luego llegaron los quesos: gouda curado tan duro que casi se podía partir, y otro suave y con sabor a hierba que ni supe pronunciar. Los probamos en una pequeña charcutería donde el dueño le guiñó el ojo a Pieter, como si compartieran un secreto.
Más tarde nos colamos en una sala privada tipo speakeasy para una cata de vinos holandeses — la luz de las velas bailaba sobre las paredes de ladrillo, y las copas tintineaban suavemente. El vino me sorprendió (para bien), especialmente combinado con esos quesos. Terminamos en lo que fue la sede de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales — ahora un espacio con vigas a la vista y charlas animadas. Llegaron los bitterballen, calientes y crujientes; me quemé la lengua porque nunca espero lo suficiente. Para entonces ya sentíamos que habíamos descubierto capas de Amsterdam que la mayoría de turistas no ve. No todo salió perfecto (se me cayó la mitad del arenque al suelo), pero eso solo hizo que la experiencia fuera más auténtica.
El grupo se limita a 8 personas para que la experiencia sea relajada.
El tour incluye degustaciones en varias paradas — tarta de manzana, quesos, pescado o satay — pero no una comida sentada completa.
Sí, se incluyen bebidas alcohólicas como vino o cerveza, además de refrescos o café/té en diferentes paradas.
No, no incluye recogida; el punto de encuentro es cerca de los canales centrales de Amsterdam.
No, lamentablemente no es apto para dietas veganas.
Probarás tarta de manzana casera, quesos holandeses, arenque o bacalao, satay o croquetas según el día.
Sí, en tres de las seis paradas hay asientos reservados y baños disponibles.
Se requiere movilidad normal; se camina o está de pie hasta 20 minutos entre paradas.
Tu día incluye degustaciones guiadas de clásicos holandeses como tarta de manzana en un café marrón, quesos artesanales de tiendas boutique, mariscos frescos o satay en mercados locales según el día, además de una cata privada de vinos — todo acompañado de refrescos o café. Algunas paradas ofrecen asientos reservados y baños para que explores cómodo las calles históricas de Amsterdam.
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