Estira la masa a mano, fríe las conchas doradas y rellénalas con ricotta fresca junto a cocineros locales en Taormina. Prueba tus creaciones con café o refresco mientras compartes historias en la mesa. Es una experiencia práctica, divertida y llena de sabor que te dejará recetas y recuerdos para toda la vida.
Lo primero que me llamó la atención fue el aroma—como azúcar tibia y harina tostada—que se escapaba a la calle cerca de Porta Messina. Nuestra guía, María, nos saludó con las manos llenas de harina y una sonrisa que me quitó los nervios por no saber nada de repostería. Dijo algo rápido en siciliano a su tía (logré entender un par de palabras), y luego nos dio unos delantales un poco rígidos pero que resultaron reconfortantes.
No esperaba que hacer la masa de los cannoli fuera tan… ¿físico? Nos turnamos para estirarla y juro que mis brazos trabajaron más que en la caminata de ayer. María nos mostró lo fina que tenía que quedar—“casi transparente”, dijo, sosteniéndola contra la luz—y luego cortamos círculos torpes que estaban lejos de ser perfectos. Nos reímos cuando el mío quedó con forma de luna torcida. La cocina estaba llena de sonidos: un móvil vibrando, cucharas chocando contra los cuencos metálicos, la tía de María tarareando mientras mezclaba la ricotta para el relleno.
Lo mejor fue freír las conchas—hay un instante en que se inflan doradas y si te acercas lo suficiente casi puedes oír cómo crujen (pero no te acerques mucho; eso lo aprendí rápido). Y llegó el momento que todos esperan: rellenar con la crema dulce de ricotta. Intenté decir “cannolu” bien—María se rió y me corrigió con cariño, lo que hizo que todo se sintiera más real que cualquier programa de cocina. Comer nuestros propios cannoli allí mismo, con los dedos pegajosos y azúcar glas por todos lados, fue toda una victoria.
Hasta ahora recuerdo ese primer bocado: el relleno frío y cremoso contra la concha tibia, con un toque sutil de ralladura de naranja. Terminamos con pequeños cafés y algunas historias sobre las tradiciones familiares de María con estos postres. El sol empezaba a ponerse afuera, pero nadie tenía prisa por irse. Es curioso cómo algo tan sencillo como aprender a hacer cannoli en Taormina se queda más tiempo en la memoria que muchas visitas a museos.
La clase se lleva a cabo en Porta Messina, en Taormina, Sicilia.
Aprenderás a preparar la masa del cannolo, hacer el relleno de ricotta, freír las conchas y montar los cannoli tradicionales sicilianos.
Sí, durante la clase se ofrecen refrescos, agua embotellada, café o té.
Sí, podrás probar los cannoli sicilianos que prepares durante la clase.
Porta Messina está en el centro de Taormina; se puede llegar fácilmente a pie desde la mayoría de los hoteles.
El contenido no especifica si la clase es privada o en grupo.
Tu día incluye todos los ingredientes para hacer cannoli sicilianos desde cero, además de snacks; bebidas como refrescos o agua embotellada y café o té para la degustación. Todo listo en Porta Messina, Taormina, para que solo llegues y disfrutes cocinando (y comiendo).
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