Comienza en Bilbao con un viaje a La Rioja para catar vinos premium en una bodega subterránea centenaria, luego visitas bodegas familiares para seguir probando (y picar algo). Almuerzo en el pueblo medieval de Laguardia, paseo tranquilo por sus calles y parada para fotos en el hotel de Gehry entre viñedos. Vino de calidad, historias auténticas y alguna sorpresa en el camino.
“¿Alguna vez has probado vino directamente de una bodega subterránea?” Así arrancó nuestro guía, Iker, cuando llegamos a La Rioja desde Bilbao — y la verdad, no tenía ni idea de qué esperar. El aire afuera estaba fresco, pero con un aroma dulce, como a tierra mojada. Entramos bajo arcos de piedra a una bodega oculta bajo un pueblo antiguo. Allí abajo era oscuro y resonante; se escuchaba cada paso sobre las viejas tablas. La primera copa que me sirvieron era de un rojo intenso, casi púrpura. La giré (intentando parecer que sabía lo que hacía) y el sabor fue… distinto. ¿Más rico? Quizá solo más fresco por el lugar. Difícil de explicar, pero aún recuerdo ese primer sorbo.
La siguiente parada fue en una bodega familiar — más pequeña, con un ambiente más cálido. Su perro nos recibió antes que nadie (moviendo la cola sin parar). Nos sentamos en una larga mesa de madera mientras su hija traía un aceite de oliva tan verde que parecía irreal, junto con pan que crujía al romperlo. El chorizo tenía un toque ahumado que me hizo desear no haber desayunado. Nuestro guía local nos contó que algunas de esas viñas eran más viejas que su abuelo — y me hizo gracia porque ella no debía tener más de veinticinco años. Aquí las catas se sentían menos formales; alguien no paraba de rellenar mi copa antes de que terminara.
La comida en Laguardia fue bulliciosa en el mejor sentido — locales saludándose a gritos a través del bar, tenedores chocando contra los platos. Elegimos pintxos casi al azar (todavía no sé pronunciar la mitad), y luego paseamos por calles estrechas mientras el sol rebotaba en las antiguas paredes de piedra. Hay un mirador con vistas al Valle del Ebro donde todo se queda en silencio por un momento, salvo los pájaros y voces lejanas — una paz que te hace sentir la historia que guardan estas colinas.
Terminamos cerca del hotel diseñado por Frank Gehry — una explosión de metal curvado contra el cielo azul y viñedos que se pierden en el horizonte. Parecía fuera de lugar, pero todos se paraban a mirar o sacar fotos. De camino a Bilbao me di cuenta de que mis manos aún olían ligeramente a uvas y aceite de oliva. No sé si es normal o si simplemente me emocioné demasiado con las catas.
Visitas tres bodegas durante esta excursión de un día desde Bilbao a La Rioja.
Sí, el almuerzo está incluido en Laguardia, en un restaurante local o en un bar de pintxos según prefieras.
Sí, las catas incluyen vinos tintos y blancos de los mejores productores de Rioja.
El transporte de ida y vuelta en vehículo de lujo está incluido con recogida en Bilbao.
El contenido no especifica opciones vegetarianas; consulta directamente con el operador para necesidades dietéticas.
La primera bodega incluye un tour de aproximadamente una hora; las siguientes visitas se centran en las catas.
Los niños pueden participar si van acompañados por un adulto; hay asientos para bebés bajo petición.
Sí, especialmente durante el paseo guiado por el casco medieval de Laguardia.
Tu día incluye transporte de ida y vuelta desde Bilbao en vehículo de lujo con guía local autorizado, tres visitas a bodegas con 9–10 catas (incluyendo acceso exclusivo a la bodega), degustación de aceite de oliva con pan fresco, queso y chorizo, almuerzo en Laguardia en restaurante o bar de pintxos a tu elección, y tiempo para fotos en el impactante hotel de Gehry antes de regresar por la tarde.
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