Recorre antiguas vías romanas desde Djerba a Tataouine, explora lagos salados y mercados vibrantes, sube por pueblos bereberes como Chenini con guía, y disfruta un almuerzo tradicional en un ksar centenario. Risas, sabores nuevos y quizá un poco de arena en los zapatos al atardecer.
El tour dura unas 10 horas, incluyendo los traslados entre Djerba y las paradas.
Sí, se incluye una comida tradicional local durante la visita a Ksar Hadada.
Se sirven botellas de agua en el coche durante todo el recorrido.
Sí, tanto Ksar Ouled Soltane como Ksar Hadada fueron escenarios de Star Wars.
Sí, el transporte privado incluye recogida en tu alojamiento en Djerba.
Sí, los bebés pueden ir en cochecito o silla; si lo pides con antelación, hay asientos para bebés.
El tour es apto para casi todos, aunque en pueblos como Chenini hay que caminar por terrenos irregulares.
Tu día incluye transporte privado con recogida en hotel en Djerba, agua embotellada durante el trayecto, guía local autorizado en cada parada—desde lagos salados hasta pueblos bereberes—y una rica comida tradicional dentro de un ksar histórico antes de regresar al atardecer.
No esperaba que el lago salado oliera tan intenso, casi metálico, como lluvia sobre piedra caliente. Salimos temprano de Djerba (yo apenas estaba despierto) y tras ese largo camino romano, el paisaje se abrió ante nosotros. Sami, nuestro guía, no paraba de señalar olivos que parecían tener más años que algunos países. Me bajé en Sebkhet el Melah para hacer una foto, pero sobre todo me quedé allí, entrecerrando los ojos ante toda esa luz blanca que rebotaba en la sal. Mis zapatos quedaron un poco salados, pero valió la pena.
Tataouine fue más bullicioso de lo que imaginaba. El mercado estaba lleno de gente regateando por especias y dátiles; alguien me ofreció un café tan fuerte que me temblaron las manos media hora. Sami se rió cuando intenté decir “shukran” bien—seguro que lo dije fatal. Paseamos entre los puestos antes de ir a Ksar Ouled Soltane. Nos contó que allí se grabó Star Wars, pero yo estaba más fascinado con las antiguas celdas de almacenamiento de grano apiladas como panales. El aire dentro era fresco y polvoriento, como si entraras en otro siglo.
Luego llegó Chenini, un pueblo bereber aferrado a la ladera, como si fuera parte de la montaña. La subida es empinada, pero de repente te regala vistas que te dejan sin aliento. Algunos niños nos saludaron desde la ventana de una casa-cueva; su abuela sonrió, pero no dijo mucho. Almorzamos en Ksar Hadada: pan plano todavía caliente, estofado de cordero con comino (si cierro los ojos aún lo saboreo). Alguien puso música en el móvil mientras comíamos y se mezclaba con el viento que entraba por esos viejos pasillos de piedra. Después de eso, la verdad, me quedé dormido en el coche hasta volver a Djerba.

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