Comienzas temprano con transporte privado desde CDMX, recorres paisajes cambiantes hasta llegar a las piscinas termales de Tolantongo entre montañas. Flota en aguas cálidas y minerales, explora grutas escondidas, comparte comida con locales o simplemente disfruta el sol reflejado en las rocas del río azul antes de regresar.
“Ya verán por qué le llamamos paraíso,” nos dijo Armando, el conductor, mientras miraba hacia atrás y las luces de la ciudad quedaban atrás. Eran poco más de las 5 de la mañana, aún oscuro y el aire fresco incluso dentro de la van. Apenas despertábamos, pero él ya tenía agua embotellada y una especie de snack (no revisé qué llevaba hasta después). El camino fuera de Ciudad de México se sintió largo al principio—cuatro horas suenan mucho—pero la verdad es que me fui quedando medio dormido y medio despierto viendo cómo amanecía sobre esas colinas secas. Cerca de Hidalgo, Armando paró para que compráramos café y tamales en un puesto a la orilla del camino. Él habló rápido con la señora que los vendía; ella me sonrió cuando dije un “gracias” medio torpe.
Había leído sobre las aguas termales de Tolantongo, cómo el agua brota directo de la montaña y llena decenas de piscinas con formas extrañas talladas en la roca. Pero cruzar ese puente colgante con vapor por todos lados y casi sin nadie más alrededor… no sé, se siente distinto a las fotos. El aire olía a minerales, un poco metálico pero nada desagradable. Nos cambiamos en unos vestidores sencillos pero limpios (¡lleva sandalias!) y Armando cuidó nuestras cosas en la van. La primera piscina estaba tan caliente que sentí un cosquilleo en la piel antes de acostumbrarme. Cada piscina tiene tamaño y forma diferente—unas son poco profundas, otras lo justo para flotar. En un momento, una familia local nos invitó a probar su salsa casera con totopos; tal vez por el calor o el hambre, sabía más intensa que cualquier salsa que haya probado en la ciudad.
Después de un par de horas entre piscinas (tratando de no dejar caer el teléfono mientras tomaba fotos), bajamos hacia la zona de las grutas. Hay un túnel por donde caminas con agua cayendo sobre los hombros, y de repente estás dentro de una cueva iluminada por una luz azul que entra desde afuera. Es ruidoso por los ecos y el agua corriendo, pero también tiene algo de paz, difícil de explicar si no lo vives. El almuerzo fue sencillo: tacos en uno de los restaurantes al aire libre junto al río, nada sofisticado pero justo lo que necesitaba después de tanto rato en el agua. Aún recuerdo lo tranquilo que estaba todo justo antes de irnos—el único sonido era el constante correr del agua y alguna risa a lo lejos río arriba.
Son aproximadamente 4 horas en vehículo privado por trayecto.
Sí, te recogen en la dirección que indiques dentro de Ciudad de México.
Tendrás alrededor de 5 horas para disfrutar todas las áreas de Tolantongo.
No incluye comidas, pero hay restaurantes en el lugar donde puedes comprar comida.
Sí, las entradas a Tolantongo están incluidas en el precio del tour.
Es apta para todos los niveles y familias; si necesitas, hay asientos para bebés.
Recomendamos traje de baño, sandalias o zapatos para agua, bloqueador solar y toalla.
Puedes pedir horas extra en el lugar si deseas quedarte más.
Tu día incluye transporte privado ida y vuelta desde tu dirección en CDMX con agua embotellada, entradas a todas las áreas de las aguas termales de Tolantongo—piscinas, grutas, túnel y río azul—un pequeño snack para el camino y aire acondicionado para el viaje de regreso.
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