Camina por los salvajes campos de lava de Islandia con un guía local desde Reykjavik, luego desciende en telesilla a la colorida cámara de magma del volcán Thrihnukagigur — casco puesto, corazón latiendo más fuerte. Siente el calor volcánico en la nariz y el silencio en los oídos antes de volver a la luz con historias nuevas para contar.
Empezamos a movernos antes de que el café me hiciera efecto — Reykjavik aún desperezándose detrás mientras nuestro grupo avanzaba rumbo a Bláfjöll. Nuestra guía, Sigrún, ya nos contaba historias de trolls y erupciones, y cómo el volcán Thrihnukagigur hizo su última explosión hace más de 4,000 años. Intentaba imaginarlo mientras cruzábamos los campos de lava: roca negra bajo los pies, musgo suave aquí y allá, un aire tan fresco que te pellizcaba la nariz. El viento cambiaba de opinión cada minuto — a ratos calmado, al siguiente tirando de mi capucha. Alguien delante resbaló un poco en el terreno irregular; Sigrún solo sonrió y dijo que eso era “plano islandés”.
La caminata no era fácil, pero tampoco una paliza — unos 3 kilómetros de ida y otros 3 de vuelta, justo para notar las piernas, aunque distraído con las formas extrañas de la lava. En el borde del cráter nos entregaron cascos y arneses. Confieso que el corazón me dio un vuelco al ver ese telesilla abierto esperándonos. Hay un momento colgando sobre la boca del Thrihnukagigur donde se siente un olor metálico y frío que sube desde abajo. No es oscuro como imaginaba; hay colores por todos lados — rayas amarillas, rojos intensos, hasta manchas moradas en las paredes. Sigrún señaló las manchas minerales que dejaron antiguas erupciones. Nos contó que este es el único lugar en el mundo donde puedes entrar dentro de un volcán así. No esperaba que se sintiera tan silencioso allá abajo — solo el crujir de nuestras botas sobre la grava y un par de susurros porque cualquier ruido más fuerte parecía fuera de lugar.
Todavía recuerdo esa primera bocanada de aire al salir a la superficie — pulmones llenos de aire frío, el cielo de repente enorme tras estar encerrado bajo tierra. Volvimos por el campo de lava (mis piernas más temblorosas que antes), todos más callados pero sonriendo como quien comparte algo extraño y especial. De camino a Reykjavik seguía mirando esas montañas azules pensando: vaya, esto no se parecía en nada a lo que había imaginado… y para bien.
Está justo a las afueras de Reykjavik, en Bláfjöll (las Montañas Azules), a un corto y panorámico viaje incluido en la excursión.
La caminata es de unos 7 km ida y vuelta por terreno irregular; se necesita un estado físico moderado pero no experiencia especial en senderismo.
Sí, se proporciona todo el equipo de seguridad necesario y guías profesionales te acompañan durante todo el descenso al volcán inactivo.
Recomiendan ropa abrigada e impermeable y botas de senderismo resistentes; zapatillas o vaqueros no son adecuados por el clima y el terreno.
Se incluyen refrescos ligeros como parte de la experiencia del día.
La excursión incluye recogida y regreso desde puntos seleccionados en Reykjavik.
Es el único lugar en el mundo donde puedes descender en grupo guiado a una verdadera cámara de magma volcánica.
La edad mínima es 8 años por razones de seguridad y exigencia física de la caminata.
Tu día incluye recogida y regreso desde puntos seleccionados en Reykjavik, guía local experto durante la caminata y el descenso, todo el equipo de seguridad como cascos y arneses para entrar al volcán Thrihnukagigur, refrescos ligeros durante el recorrido y muchas historias sobre la geología islandesa antes de volver juntos a la ciudad.
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