Probarás los mejores vinos de Niagara-on-the-Lake en cuatro bodegas locales con un guía cercano y relajado, disfrutando de maridajes de queso y charcutería. Conversaciones reales con locales, paseos por viñedos, recogida en hotel incluida y tiempo para saborear cada parada a tu ritmo.
“Prueba este, tiene un toque a durazno,” dijo nuestro guía mientras nos ofrecía una copa en Hare Wine Co. No esperaba reír tanto tan temprano, pero había algo en cómo el sol de la mañana iluminaba esas filas de vides y cómo todos nos soltamos después del primer sorbo. El lugar olía a pan recién hecho y césped cortado, una mezcla que daba calma y hacía olvidar que habíamos salido de Toronto apenas una hora antes. Éramos un grupo pequeño: dos parejas de Montreal, un viajero solo de Londres y yo acompañando a mi hermana. Nadie pretendía saberlo todo sobre vino (menos mal), y Mark, nuestro guía, nunca nos hizo sentir tontos por preguntar qué significaba “VQA”.
La siguiente parada fue en una bodega familiar — creo que la llevaban dos hermanos, ¿Yannick y Greg? — su perro nos siguió mientras probábamos tablas de quesos y charcutería que bien podrían haber sido el almuerzo completo. Todavía recuerdo ese cheddar ahumado. Mark nos contó cómo los hermanos crecieron entre viñedos aquí, pero empezaron ayudando a su abuelo en Francia. Esa mezcla de tradición europea y nueva se notaba en su Pinot Noir: terroso pero ligero. Y si eres vegano o celiaco, no te preocupes, tienen opciones (mi hermana es celíaca y no se perdió nada).
Entre la tercera y cuarta parada — perdí la cuenta después de la cata de vino de arándano — me di cuenta de lo distinto que se sentía cada lugar. En Queenston Mile Vineyards todo era más tranquilo; se escuchaban los pájaros por encima del murmullo suave de las conversaciones. El enólogo nos saludó mientras pasábamos junto a barriles apilados contra una pared más vieja que yo. Hubo un momento de silencio donde nadie habló; solo miramos las hileras de viñedos que se perdían bajo nubes grises. No sé por qué, pero ese instante se me quedó grabado.
La última parada fue Reif Estate Winery — un nombre grande en los tours de vino de Niagara-on-the-Lake — pero no se sintió para nada corporativo ni apresurado. Alguien de la familia Reif sirvió nuestra última cata (un Riesling que compraría sin dudar) y nos contó que su filosofía es “los grandes vinos empiezan en el viñedo.” No parecía un discurso de marketing; tenía tierra bajo las uñas y se rió cuando alguien preguntó si el icewine es solo uvas congeladas (más o menos). Volvimos al van con una sensación de calma y satisfacción — no llenos, sino contentos.
Visitarás cuatro bodegas locales durante el tour de día completo.
Sí, la recogida y regreso al hotel están incluidos en la reserva.
Sí, ofrecen opciones veganas, sin lácteos y sin gluten bajo petición.
Se permiten bebés y niños con asientos especiales. La edad para beber es 19 años o más.
Entradas para catas en cuatro bodegas, tablas de queso y charcutería (o almuerzo), agua embotellada, traslados desde el hotel, impuestos y tasas.
El itinerario puede incluir Hare Wine Co., Queenston Mile Vineyards, Reif Estate Winery y otras según disponibilidad.
La experiencia abarca todo el día, incluyendo traslados desde el punto de recogida hasta todas las bodegas.
Tu día incluye recogida y regreso al hotel en la zona; todas las catas en cuatro bodegas seleccionadas de Niagara-on-the-Lake; generosas tablas de queso o charcutería (opciones veganas y sin gluten bajo pedido); agua embotellada durante todo el recorrido; traslado privado ida y vuelta; y todos los impuestos para que no haya sorpresas cuando regreses relajado y satisfecho con buena comida y mejor vino.
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