Empieza el día dejando Hobart para recorrer la costa este de Tasmania: senderos entre bosques hasta el mirador de Wineglass Bay o la playa de arena blanca si te animas. Comparte historias con tu guía mientras almuerzas en bahías tranquilas y termina con ostras frescas o vino local en Devil’s Corner antes de volver al oeste, lleno de aire salado y un poco de asombro bajo el sol.
Apenas habíamos salido de Hobart cuando nuestro guía, Pete, se detuvo en una panadería en Orford y nos insistió en probar las primeras empanadas de vieira del día. “No se puede caminar con el estómago vacío”, dijo sonriendo como si lo hubiera repetido mil veces. El aire olía a pastelería y algas marinas, una mezcla extraña pero que encajaba perfecto en Tasmania. Recuerdo que pensé que el cielo se veía más amplio aquí, incluso antes de llegar a la costa de verdad.
El viaje por la costa este fue un desfile de azules y verdes cambiantes fuera de la ventana, mientras Pete señalaba pueblitos que no conocía, como Swansea, donde un niño nos saludó desde su bici. Cuando finalmente llegamos a Freycinet, los acantilados de granito rosa brillaban más de lo que esperaba. La subida al mirador de Wineglass Bay fue más empinada de lo que imaginaba (mis piernas lo notaron), pero todos fuimos con calma. En un momento, un canguro nos observaba pasar como si fuera dueño del lugar. La vista desde arriba—seguro has visto fotos de Wineglass Bay, pero estar ahí con el viento en la cara es otra cosa. Alguien me pasó una manzana y me senté un rato sin decir nada.
Algunos bajaron a la playa, pero yo me quedé con Pete para ir a Honeymoon Bay. Me contó historias de familias pescadoras mientras almorzábamos sobre una roca calentita por el sol. Había un aire salado mezclado con eucalipto que no esperaba. Más tarde, en el faro de Cape Tourville, la vista era infinita en todas direcciones. Un par de nosotros intentamos ver delfines (sin suerte), pero la verdad, solo apoyarme en la barandilla con los brazos cansados ya era suficiente.
De regreso a Hobart, paramos en Devil’s Corner Winery—la verdad, a esa altura estaba más emocionado por la pizza que por el vino (no me juzgues). El lugar estaba animado pero sin prisas; alguien detrás del mostrador me ofreció una ostra aunque parecía dudoso. Tenía ese sabor salino y frío, como morder otra versión del mar que habíamos estado mirando todo el día. A veces no te das cuenta de lo cansado que estás hasta que te sientas con algo frío en la mano y ves cómo la luz del sol se filtra entre las hojas de la viña. A veces aún recuerdo esa vista cuando el ruido de casa me abruma.
La caminata es de unos 45 minutos cuesta arriba por tramo y requiere buena condición física.
No incluye almuerzo fijo; puedes llevar comida o comprar en lugares como Devil’s Corner Winery.
Sí, si eliges bajar a la playa hay tiempo para nadar antes de regresar.
Sí, después del mirador puedes acompañar al guía en paseos más cortos por Honeymoon Bay y Sleepy Bay.
El tour sale desde Hobart pero no especifica recogida en hoteles; revisa los detalles tras reservar.
Ofrecen pizza al horno de leña, mariscos frescos como ostras, café, té y helados artesanales para comprar.
No hace falta equipo especial, solo calzado cómodo y ropa adecuada al clima.
Es común ver canguros en los senderos y varias aves; los guías ayudan a respetar la distancia para no molestarlos.
Tu día incluye la entrada al parque nacional y varias horas explorando los senderos de Freycinet con un guía local experto que te contará todo. Viajarás en un grupo pequeño en minibus entre paradas por la costa este de Tasmania, con tiempo para comer (las ostras y la pizza son favoritas) antes de regresar a Hobart por la tarde.
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