Sumérgete en un espacio de paz en Herbal Spa, Da Nang, con un masaje a cuatro manos hecho por dos expertas usando aceites herbales y piedras calientes. Disfruta música suave, la lluvia afuera (si tienes suerte) y termina con té y fruta fresca antes de volver a la realidad. No es solo relajación, es un recuerdo que tu cuerpo guarda.
La sesión dura aproximadamente una hora.
No, no se recomienda para embarazadas.
Hablan mandarín, inglés, japonés, vietnamita y coreano.
Sí, hay opciones de transporte público cerca del spa.
No, no cuenta con ascensor.
Se sirve té herbal, sopa y frutas de temporada tras el tratamiento.
No, no se recomienda para quienes tienen lesiones en la columna.
Tu sesión incluye todos los impuestos y tarifas; tras el masaje a cuatro manos con piedras calientes y aceites herbales, recibirás té herbal, sopa y fruta fresca de temporada gratis antes de salir. Además, tienes soporte en mandarín, inglés, japonés, vietnamita o coreano si lo necesitas.
Ya estaba medio perdido en la música suave cuando se cerró la puerta tras de mí en Herbal Spa, en Da Nang. El aire olía a hierba limón y algo dulce — ¿sería el aceite herbal? Nunca había probado un masaje a cuatro manos, y cuando las dos terapeutas comenzaron a moverse al unísono, honestamente, mi mente no daba abasto. Sentí que mi cuerpo olvidó cómo mantener la tensión. En un momento usaron piedras calientes en mi espalda — no esperaba que el calor se sintiera tan bien. Por un segundo casi me río en voz alta porque era una sensación extraña y agradable a la vez.
Las terapeutas (logré recordar sus nombres: Mai y Linh) apenas hablaban en susurros, pero de vez en cuando Mai preguntaba si la presión estaba bien. En un momento intenté decir “gracias” en vietnamita — “cảm ơn” — y Linh sonrió tan ampliamente que seguro lo hice bien. Todo duró como una hora, pero se sintió más largo, como si el tiempo se estirara ahí dentro. Cuando terminaron, me quedé un rato escuchando la lluvia afuera (empezó a caer a mitad de la sesión). Mi piel seguía oliendo a hierbas cuando finalmente me senté.
Después me trajeron una bandeja con té caliente, sopa y fruta — el pitahaya fresca es mucho mejor que cualquier cosa que haya probado en casa. No tuve prisa; nadie parecía molesto por lo mucho que me quedé. Incluso ahora, cuando la ciudad se vuelve ruidosa, a veces mi mente regresa a esa sala tranquila en Da Nang. No sé si es por los aceites o esa sensación de ser cuidado por dos personas a la vez… pero se queda contigo.

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