Viaja en el único camión vintage de Yucatán desde Valladolid a tres cenotes únicos, incluyendo el icónico rayo de sol de Suytun. Nada en aguas cristalinas con guía local, disfruta un almuerzo bajo árboles de chukum y relájate en hamacas antes de regresar con arena entre los dedos.
El tour de cenotes dura aproximadamente 7 horas.
Sí, incluye transporte privado en un camión vintage.
Se visitan Nool Ha, Cenote Suytun y Cenote Chukum.
Sí, el almuerzo está incluido y se sirve cerca del Cenote Chukum.
Sí, se ofrecen chalecos salvavidas para nadar con seguridad en todos los cenotes.
Los bebés pueden participar; deben ir en el regazo de un adulto o en cochecito.
Se proporcionan lockers para guardar tus pertenencias en los cenotes.
El tour es apto para todos los niveles de condición física.
Tu día incluye recogida privada en el único camión vintage de Yucatán, entrada a tres cenotes diferentes (Nool Ha, Suytun, Chukum), agua embotellada durante todo el recorrido, acceso a áreas con hamacas para relajarte después de nadar, uso de lockers y chalecos salvavidas en cada lugar, además de un almuerzo tradicional bajo árboles sombreados antes de regresar juntos a Valladolid.
Lo primero que recuerdo es cómo el sol iluminaba ese viejo camión verde, un poco golpeado pero con mucha personalidad. Nuestro chofer, Martín, tenía una sonrisa fácil y nos saludó como si fuéramos amigos de toda la vida. El camino saliendo de Valladolid fue un poco rudo (mis dientes aún lo sienten), pero el aire olía a tierra mojada y a algo dulce de los árboles. No dejaba de pensar en lo diferente que se sentía comparado con esas vans con aire acondicionado que ves por todos lados; esto era más lento, más ruidoso, más vivo.
Nool Ha fue nuestra primera parada. Caminas entre un enredo de verde antes de que el cenote se abra abajo, con un agua tan clara que ves tus dedos aún flotando. Hubo un momento en que todos nos quedamos en silencio, salvo un niño que se reía detrás de mí. Me sumergí y el mundo pareció detenerse. El guía señaló unos pececitos que nadaban alrededor de mis tobillos; intenté atraparlos, pero imposible. La palabra clave aquí es “tour cenotes Valladolid”, pero en realidad no se sentía como un tour, más bien como que alguien te mostraba su lugar favorito para nadar.
Después visitamos Suytun. Ese túnel es más oscuro de lo que parece en las fotos, y casi pierdo las chanclas en las escaleras (un consejo: agárrate del pasamanos). Al entrar, un rayo de sol atraviesa el techo y cae justo sobre una plataforma de piedra; parece algo armado, pero no lo es. Martín nos contó que los locales a veces usan estos lugares para ceremonias; se quedó callado un momento y luego se rió diciendo que nunca se atrevería a nadar solo de noche. El eco ahí dentro es increíble: escuchas cada gota y susurro.
El almuerzo fue bajo unos árboles de chukum cerca del Cenote Chukum: una brisa suave, platos de cochinita pibil que me dejaron los dedos pegajosos (valió la pena), y hamacas colgadas entre los troncos para echarse una siesta después de la comida. Aún recuerdo esa vista entre las hojas mientras los demás dormían o revisaban sus fotos. No era nada lujoso, pero me fui con una sensación ligera, como si hubiera tomado prestado un sueño ajeno por un rato.

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