Recorrerás Mayan Cacao Company en Cozumel con una guía local que revive las historias ancestrales del chocolate. Prueba bebidas tradicionales reservadas para sacerdotes, observa el molido del cacao y disfruta 13 sabores únicos, incluyendo un inesperado margarita de chocolate. Una experiencia práctica, sensorial y llena de sorpresas que recordarás mucho después.
Sí, todas las áreas y superficies son completamente accesibles para sillas de ruedas.
Sí, bebés y niños pequeños pueden participar en cochecitos o carriolas.
Tu entrada está incluida al reservar esta experiencia.
Podrás probar bebidas mayas tradicionales y degustar 13 tipos de chocolate orgánico durante la visita.
La experiencia es autoguiada, pero la mayoría pasa entre 1 y 2 horas explorando todo.
Sí, hay una boutique con barras artesanales, salsas, lociones, jabones y más productos hechos con cacao.
Recomiendan repelente de mosquitos y zapatos cómodos por el clima cálido.
Tu día incluye entrada a Mayan Cacao Company en Cozumel, donde harás un recorrido guiado por exhibiciones interactivas, probarás bebidas prehispánicas y degustarás 13 sabores de chocolate orgánico, con tiempo para explorar la boutique y llevarte productos únicos de cacao.
No esperaba que el aroma me golpeara tan rápido: una mezcla terrosa y dulce, como si alguien acabara de abrir una vaina de cacao fresca justo frente a mí. Apenas entramos a Mayan Cacao Company en Cozumel, nuestra guía Rosa nos sonrió y nos entregó vasitos pequeños con una bebida espesa y especiada. La llamó “xocolātl”—traté de repetirla pero solo la hice reír. No se parecía en nada al chocolate que conozco; era más amargo, casi ahumado, con un toque picante que se quedaba en la lengua.
Este lugar no es un museo tradicional. Más bien es como pasear por el patio trasero de alguien donde cada rincón tiene una historia o un aroma nuevo: granos tostados, especias molidas, incluso algo floral de las lociones que fabrican aquí. Rosa nos contó cómo los mayas usaban el cacao en ceremonias (y hasta como moneda—imagina pagar la renta con chocolate). En un momento me distraje con unas mariposas azules brillantes que revoloteaban fuera de la ventana. El clima estaba cálido y húmedo, pero no insoportable si seguías en movimiento.
Ver cómo muelen el cacao a mano tiene algo hipnótico—podía escuchar la piedra raspando mientras Rosa explicaba cada paso. Me perdí un instante pensando en todo el trabajo que lleva hacer una sola barra. Luego llegó la degustación: 13 sabores diferentes en una bandeja de madera. Algunos conocidos (avellana), otros sorprendentes (¿chile con lima?), pero todos orgánicos y sin gluten. Aún recuerdo ese margarita de chocolate que nos dieron al final—nunca imaginé que esos dos sabores combinaran tan bien.

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